Declararon “Personalidad destacada” al fallecido periodista Carlos Correa
En la sesión de ayer el Concejo Deliberante aprobó un proyecto presentado por la concejal Laura Duarte, que declara “Personalidad destacada de la Ciudad de Posadas”, al periodista Carlos Correa, quien falleció el 28 de marzo pasado.
En la iniciativa se fundamenta que la destacada trayectoria en el periodismo local, recordándose que fue el fundador y primer secretario general del sindicato de Prensa de la provincia de Misiones, además, fue jefe de redacción del diario El Territorio, secretario de prensa de la Provincia y presidente del multimedios Sapem. También se desempeñó como docente de la carrera de locutor en el Instituto Superior del Profesorado Antonio Ruiz de Montoya y fue distinguido con el premio Andres Guacurarí por el Sindicato de Prensa de Misiones.
Asimismo, dedicó gran parte de su vida a la difusión y el estudio de la música regional, creando conjuntamente con su hijo Aníbal Correa, el programa regional que se emite los días sábados en el canal 12 de la Provincia, siendo un férreo y apasionado defensor y propulsor de los músicos misioneros. Ha tenido una destacada trayectoria como secretario General de la CGT y de los 36 Gremios Confederados durante la dictadura militar donde defendió con coraje el derecho de los trabajadores durante tan difícil época, siendo un destacado integrante de organismos de defensa de Derechos humanos.
Extractada de MISIONES ONLINE
2012 Noviembre 9
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En el recuerdo de la Codelim, peronistas y radicales llamaron a volver a defender los intereses de Misiones.
Políticos misioneros y correntinos recordaron los 20 años del nacimiento de la mítica Comisión de Defensa de los Legítimos Intereses de Misiones en un almuerzo que se realizó en la estancia del diputado correntino Rodolfo Martínez Llano.
La sencilla pero acogedora estancia del diputado peronista Rodolfo Martínez Llano en la cercana Corrientes fue testigo de un encuentro que parecía sacado de un viejo almanaque, salvo por alguno de sus protagonistas y por los celulares que sonaban insistentemente. Ayer se cumplieron 20 años de una solicitada histórica que apareció en el diario El Territorio y en el semanario Eco Norte que se editaba en Eldorado, que se convirtió en la gestación de la Multipartidaria conformada por el radicalismo que conducía Ricardo Balbín y el Justicialismo en manos de Deolindo Felipe Bittel y que desembocó en el fin de la dictadura militar y el llamado a elecciones .Muchos de los protagonistas de esa jornada histórica disfrutaron del asado, el buen vino y el champagne en un almuerzo acompañado por las anécdotas y las reflexiones.
El 18 de noviembre de 1980 salió a la luz la Comisión de Defensa de los Legítimos Intereses de Misiones (CoDeLim) que logró reunir a Balbín y Bittel en un encuentro histórico que se realizó en la casa de Ricardo Barrios Arrechea por la gestión de Carlos Correa, Humberto Tono Pérez, por ese entonces director de El Territorio, y otras figuras de la política misionera. Ayer, Correa, el mismo Martinez Llano que por aquellos años era un opositor a la CoDeLim, aunque después se unió al grupo, Mario Losada, Miguel Ángel “Toto” Alterach, el periodista Alberto “Tito” Mónaca y otros históricos rememoraron “la hazaña” de enfrentar a la dictadura. Compartieron las mesas, la diputada nacional Mabel Marelli, los diputados Raúl Solmoirago y Ricardo Miranda, el ministro de Ecología Miguel Ángel Alterach (h), el presidente del Instituto Provincial de Lotería y Casinos, Nelson Luis Cáceres, el legislador Ludovico Slámovitz y varios más. “Esta comisión es un símbolo de superación de los intereses particulares en pos de una causa noble”, dijo a los periodistas Losada, quien como presidente provisional del Senado sucede en la Jefatura del Estado a Fernando de la Rúa. La CoDeLim defendía los intereses de Misiones ante la intención manifiesta de la dictadura militar de liquidar Papel Misionero, el Banco Provincia y el Instituto Provincial del Seguro. Las vueltas de la historia sentaron en la misma mesa de los fundadores al presidente del PJ misionero, Ramón Puerta, quien, como gobernador, fue quien privatizó los tres entes que estaban en la mira de los militares. Después de los postres y de los brindis con Valmont y Chandon, todos rescataron el valor político que tuvo la comisión y la “necesidad” de que el diálogo no se agote a pesar de las disidencias políticas “para defender los interés de Misiones”. El ayer se convirtió por un momento en el hoy.
Misionesonline.net/noticias/19/11/2000.
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EL MUNDO MUSICAL DE LAS HERMANAS VERA
El miércoles próximo, la Orquesta sinfónica de la Provincia de corrientes habrá de acompañar, por primera vez en su historia, el canto chamamesero. Será cuando Rafaela y Bonifacia Vera – conocidas por el rubro artístico de Hermanas Vera canten “Corrientes poty” (“La flor de Corrientes”), en el Teatro Vera, de la capital de la vecina provincia.
Este suceso se enmarcará en el recital de la celebración de los 25 años con el canto de las Hermanas Vera, por llevarse a cabo en dicha sala y en el que se prevé la presentación de diversas otras figuras que acompañaron a este singular dúo femenino, en diversos momentos del cuarto de siglo que están cumpliendo como cantantes.
Fue, en efecto, en 1969 que resultaron consagradas por el público en Santo Tomé, en la correspondiente edición del Festival del Folklore Correntino. Fotos de la época muestran a una Rafaela adolescente y una Boni casi niña, en el escenario del anfiteatro “Genaro Berón de Astrada”.
Pero, ¿dónde radicó y radica el motivo del éxito fulminante y de la permanencia en el gusto del público por parte de las intérpretes?.
Varias son las explicaciones que podrán ensayarse. La forma del dúo que ellas aplican, es la habitual, con una primera voz que se encarga de la línea melódica y una segunda que apoya a aquélla. No son habituales, en cambio, las cadencias y los matices. La segunda voz es un bajo profundo, tal si fueran los sonidos extraídos por los dedos de la mano izquierda de un bandoneonista. La primera voz, en tanto, jamás perdió su esencia telúrica, su raigambre tradicional, algo que es común a ambas. Y por más que fuese probable que ambas hubieran estudiado técnica vocal, años después de consolidarse el dúo, durante alguna de sus largas estadas en Buenos Aires. Y aunque en los últimos trabajos grabados asomen en su repertorio piezas musicales concebidas con un sentido moderno de la composición.
Allí, tal vez, estriba parte de la explicación del por qué del éxito continuado de estas hermanas nacidas en modesta cuna, en la zona de campo del departamento General Paz, Corrientes. Después, la familia – numerosa familia – se radicó en Caá Catí, cabecera de dicho departamento.
Otra explicación acaso se halle en la sencillez de quienes hoy constituyen figuras de relieve en el cancionero chamamesero. Rafaela y Boni nunca ocultaron, es más, cuentan con indisimulado orgullo, que su padre, Félix Vera, era jinete imbatible de las cuadreras que se armaban en la zona, que eran muchos hermanos y que debían ayudar al sustento del hogar. Ellas vendían el pan que amasaba y horneaba su madre, Ceferina Quiñones, y cuidaban de las vacas. Y cantaban, siempre cantaban.
Hasta hoy, en que demuestran a cada paso una sustantiva calidad musical. Ue estará probada, otra vez, cuando sean secundadas por la Orquesta Sinfónica de su provincia, en “Corrientes poty”, de diego Novillo Quiroga y Francisco Pracánico, primera pieza musical registrada con el rótulo “chamamé” y llevada al disco por Samuel Aguayo, el 11 de febrero de 1931.
Pero, sobre todo, demuestran una honda calidad humana, al no permitir que la enceguezcan las luces del éxito que, muchas veces, no dejan ver el mundo real del ser humano concreto, con sus angustias, sus pesares, sus alegrías, sus sueños y sus esperanzas. Tal como lo cantan las hermanas Vera.
9 de Octubre de 1994 – Diario El Territorio
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UBEDA – CHÁVEZ EN POSADAS
Precedido de justiciero renombre, el dúo Ubeda – Chávez cumplirá esta noche una de sus muy espaciadas presentaciones en Posadas. En efecto, el conjunto que dirige esa dupla de cantores y guitarristas tiene previsto animar hoy un baile en “El Rincón del Chamamé”, de la capital misionera, en tanto que mañana hará lo propio en la ciudad correntina de Gobernador Virasoro, luego de muchos años de ausencia en los escenarios de la zona.
Sin duda que Pascasio “Paquito” Ubeda – correntino, de General Paz – y Héctor Chávez – misionero, de Concepción de la sierra -, componen uno de los dúos de mayor calidad, en la música regional.
Su éxito viene de lejos, de casi cuatro décadas atrás, cuando apenas salidos de la adolescencia, se “encontraron” ambos.
Tras una primera incursión de Ubeda en el conjunto de Tránsito Cocomarola, con el cual llegó a grabar algunos temas a mediados de los 50 cantando a dúo con Gabino Quiroz - “Esperanza”, Vendrás un día”-, vino la decisión. Y el dúo Ubeda – Chávez se habría de mantener hasta el presente, con excepción de algunos intentos esporádicos de hacer las cosas cada uno por su lado. Así, integraron el conjunto tradición, en el que tomaron parte, además, el entrerriano Ramón Bernárdez, en el bandoneón, y el correntino Lorenzo Valenzuela, en el acordeón. Luego, un breve paso, allá por 1963, en el grupo de Cocomarola, hasta que optaron por jugarse con nombre propio. Y en este rumbo llevan ya más de 30 años. Renovados, ahora, con la incorporación del acordeonista Ramón Arias y de otra primera vos, la de Gabino Chávez. Y mejorados, a partir de la calidad inicial, como el vino bueno que, añejado, es mejor.
8 de Octubre de 1994 – Diario El Territorio
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AYER, CALLÓ PARA SIEMPRE LA TROMPETA DE “PANCHITO”
A las 7:30 de ayer, víctima de un paro cardio respiratorio, falleció en un centro asistencial de Posadas el popular músico Francisco Luciano Dartois Enrico, “Panchito”, quien alegrara con su arte a varias generaciones de misioneros, y en los últimos años con su “Montecarlo Soul”.
Con sus 72 años a cuestas, y después de haber actuado en la mayoría de los escenarios de Misiones y la región, “Panchito” se presentó por última vez el sábado pasado, en la localidad de Gobernador López. “Fue una de sus mejores presentaciones”, comentaron ayer los integrantes de su banda.
“Es más, como en las ocasiones especiales, hasta se prendió del micrófono e interpretó un tema, siempre con la trompeta en la mano”, agregó Rubén, su hijo, integrante del grupo desde que se animara con el saxofón a pesar de su juventud.
Sus allegados no quisieron dar paso a la memoria, ayer, ante el difícil trance y, con las disculpas del caso, sólo imaginaban al músico que, en la tarde del miércoles pasado, alentaba a los demás en un ensayo con miras a los compromisos artísticos por venir.
“Que siga el baile. La “onda” de los jóvenes y la nostalgia de los adultos”, una nota periodística publicada en la revista dominical de EL TERRITORIO el 7 de diciembre de 1986, entonces, sirvió de apoyo para rescatar la trayectoria del músico y que, a modo de homenaje, se renueva ante su despedida.
“Panchito” nació en la localidad cordobesa de Laboulaye, el 8 de enero de 1922, donde, a instancias de un familiar, se inició como músico a fines de la década del 30, pero el entonces jovencito se empeñaba en reproducir las nociones transmitidas en un violín.
Al poco tiempo, tomaría la trompeta como su instrumento preferido, para seguir con ella hasta las últimas horas de vida, como revela el comentario realizado por sus compañeros de orquesta a propósito de su insistencia por el ensayo, el pasado miércoles.
Después de haber recorrido un sinnúmero de escenarios de la provincia mediterránea argentina, “Panchito” cargó sus inquietudes y se trasladó a la Capital Federal donde siguió estudios musicales, pero decidido ya a continuar con las orientaciones que le indicaban su vocación.
En la década del 40, el tiempo dorado de la “música tropical”, alternó en distintas “características” – como se denominaban los grupos de entonces – de éxito del momento, como las de Juan Barabá, la “Continental”, la de José Rispolli y la “Hawaian Serenaders”.
Por primera vez estuvo en Posadas en 1950 para animar, juntamente con la “Continental”, un baile en el viejo Club del Progreso – ubicado en la calle Ayacucho, entre Catamarca y Salta. Era el momento de mayor furor del mambo.
Precisamente, en ese contexto de la trascendencia de la música tropical, en 1953 arribó a nuestro país Dámaso Pérez Prado, considerado como el “rey” de ese ritmo. “Panchito” integró su agrupación pero la misma se limitó a las actuaciones de aquél en la Argentina, ya que se rehusó a acompañarlo al exterior.
Luego de esa experiencia, Dartois vino a Posadas para animar los bailes de carnaval de ese año en el Club General Urquiza, en cumplimiento de un compromiso en el que tuvo participación el bandoneonista-tanguero, Pablo Roca.
“Vine por quince días y me quedé, por esas cosas de la vida”, comentaría “Panchito” en ocasión de la entrevista realizada en diciembre de 1986 por EL TERRITORIO.
En esta ciudad se casó con Felicia Caniza, con quien tuvo cinco hijos: Liliana, Elba, Rubén, Hugo y Lito.
La familia Dartois se afincó en las inmediaciones del Instituto de Comercio Santa Catalina. Su aficción a la música, compartió hasta hace cuatro años con su trabajo en el Ministerio de Salud Pública de la Provincia, donde se jubiló tras haber completado los años de servicio.
Al principio el grupo, cuya permanencia en el gusto de la gente fue adjudicada por el músico a la “constante renovación”, se denominó “Montecarlo Jazz”, para en 1979, identificarse como “Montecarlo Soul”, siempre con el aditivo de “Panchito” en primer término.
Sin embargo, la permanente renovación a que aludía “Panchito” no alcanzaba para olvidar aquellas piezas musicales que encendían la nostalgia, por un lado, mientras que por el otro sabía complementar ese ritmo con los últimos que se lanzaban al mercado.
¿ Que más se puede agregar a lo que fue la trayectoria y las vivencias de este popular músico?. El mejor testimonio, sin duda, quedará grabado para siempre en el recuerdo de varias generaciones de misioneros.
“No habrá otro igual”, como dijeran en forma unánime los integrantes de “Montecarlo Soul”, Carlitos, Juri, Hugo, Coco, Neco, Charly y Rubén, además de Hugo, Ramón y otro Hugo, quienes conformaban el equipo artístico, todos más jóvenes que el fallecido músico. Otro logro de “Panchito”, el complemento de su experiencia con la vitalidad de la juventud.
Los restos de “Panchito” serán velados hasta hoy, a las 10:00 horas, en el salón ubicado en la calle Santiago del Estero casi Félix de Azara de Posadas. Posteriormente, el sepelio se realizará en el cementerio Parque “Tierra de Paz”.
¿ Y NUESTRA NOSTALGIA?
Y, ahora, ¿dónde vamos a encontrar nuestra nostalgia?, se preguntaba ayer, con desconcierto – tal si le hubieran cambiado la historia – y con los ojos húmedos, una madura admiradora de Panchito.
Evidente la referencia al repertorio de la Montecarlo Soul – que incluye temas que fueron “hits” en el último medio siglo – y a las generaciones y generaciones de misioneros que bailaron al compás de esa música.
Muchas cosas se habrán dicho y se podrán decir de Francisco Luciano Dartois, pero es evidente que la pregunta inicial constituye toda una síntesis de lo que pensaron miles de personas, tras el anuncio de la desaparición física de este músico que, por encima de todo, fue un ser humano excepcional. Y que se ausentó sin aviso previo, en la víspera del comienzo de la Estudiantina, justo cuando Posadas – a la que eligió como “su” ciudad – empezó a vestirse de primavera, como para una mayor ornamentación de la fiesta de la danza y el ritmo que ofrecen los jóvenes a quien quiera verla.
Son esos mismos jóvenes que, en no pocos casos, ya habrán danzado con Panchito. Como antes lo hicieron sus padres. O sus abuelos.
LA MÚSICA INCESANTE
Quien lo hubiera imaginado, ¿no?. Si lo creíamos eterno. Con su trompeta que más bien parecía una prolongación de su cuerpo. Que lo era, ciertamente, sólo que además él lo transformaba en un vehículo expresivo de su corazón. O de su alma.
Y haciendo bailar a la gente. Porque como Panchito era divertido, procuraba que la gente lo imitara. Es claro que él ponía todo de sí, para lograr ese objetivo. Así era, de igual manera, en su vida cotidiana. Una permanente sonrisa le iluminaba el rostro, hombre de trato cordial, de conversación amena y suave, jamás le escuchamos una palabra altisonante.
Habrá sido porque se enamoró de la armonía desde pequeño. Cuando su tío le enseñó nociones elementales de música en Laboulaye, donde vino al mundo como Francisco Luciano Dartois Enrico, doble apellido que denuncia su ascendencia francesa – su padre era de Marsella – e italiana.
Inclusive, soportaba las lógicas “cargadas” sobre su edad, de los más jóvenes de su Montecarlo Soul (que antes había sido Montecarlo Jazz). Es obvio que no podría faltar el chiste: por ahí escuchamos, más de una vez, que Panchito ya tocaba la trompeta cuando todavía la tierra estaba caliente.
Es qe, es cierto, parecía eterno. La perdurabilidad de “Panchito” en el gusto del público se basaba en varios elementos confluyentes: su idoneidad para tocar la trompeta; un repertorio actualizado en forma constante en el que, sin embargo, figuraban piezas musicales de todas las épocas y, asimismo, la participación de jóvenes en su orquesta, lo cual le concedía al grupo la suficiente dosis de brisa fresca que sugiere la renovación.
Si a todo esto le sumamos la idoneidad del grupo, llegamos a la conclusión de que Panchito era un consumado instrumentador y, por añadidura, un líder natural en quien los jóvenes veían a un maestro.
¿Cuántas generaciones de misioneros bailaron siguiendo los compases de su orquesta?. En los 41 años que llevaba entre nosotros, miles de comprovincianos de todas las edades bailaron con la música de este cordobés que devino misionero; hasta plantar aquí sus raíces.
CARLOS CORREA
23 de septiembre de 1994 – Diario El Territorio.
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MUSICA REGIONAL
“KILÓMETROS DE MÚSICA”
Había nacido en un paraje de la correntina San Cosme. Pero, como sucede con los que atesoran el mundo en un pequeño rincón del planeta, la música de Cocomarola es universal. Ya no pertenece a Corrientes, ni al Litoral ni siquiera a la Argentina: es patrimonio de los seres humanos, de todos, sin distinciones de ninguna índole.
Si se pretende una sintética biografía, puede decirse que su nombre completo era Mario del Tránsito Cocomarola, y fue el quinto hijo del matrimonio formado por Felipe Cocomarola, un italiano, de Capri, y María Vicenta Aquino, una correntina. Vino al mundo el 15 de agosto de 1918, en el paraje El Albardón, donde su padre tenía un campo y del cual extraía el sustento para su familia que, con él, sumaban siete.
De su padre, quien con el tiempo sería “El Taita”, aprendió cuando niño la ejecución rudimentaria de un acordeón que aquel inmigrante había traído desde la isla lejana. Y, acaso también, una confesa admiración por el violinista Antonio Vivaldi, el compositor italiano de música del período barroco. Esa admiración Cocomarola siempre disfrutaba escuchando “Las cuatro estaciones” – se habría de transformar luego en adhesión y de allí que no es descabellado el calificativo de “el más barroco de los compositores chamameseros” que le destinaron alguna vez. (Es claro que, en esto, confluye además otra historia que tiene que ver con la enseñanza musical y en las reducciones jesuíticas, cuyo florecimiento coincidió con el período del barroco).
La muerte de su padre, lo introdujo de golpe en la actividad musical profesional. Con escasos trece años, debió esforzarse para contribuir al sostén de su familia que, para colmo y de resultas de un juicio, perdió igualmente el campo que formaba parte de la herencia paterna.
Estos hechos habrán marcado su personalidad: era uno de esos hombres a los que se les califica de “familieros”, ya que no se hallaba lejos de su esposa y de sus hijos. Sus viajes largos, los hacía acompañados por todos. Además, tenía amigos en todas partes y su casa estaba siempre llena de gente. Quería a su tierra, a su paraje, a su provincia. Y su música - ¡ ah, su música!- reflejaba todo ese paisaje humano y natural que lo rodeaba. Con tanta autenticidad que para él es válido aquello de “pinta tu aldea y pintarás el mundo”.
Fue un innovador, un renovador. Desde la formación del primer conjunto con su nombre, antes de que concluyese la década del 30, o cuando militaba en la formación “Los Hijos de Corrientes”, que dirigía Emilio Chamorro, para volver a integrar su propio grupo. Era un trío, y con un dúo de cantores y guitarristas, cuando todos los conjuntos de música regional reunían a muchos integrantes, a veces con un cantor solista. Después, introduciría la instrumentación en la interpretación chamamesera, en momentos en que se producía “la revolución del 40”, un movimiento que abarcó toda la música popular argentina, y no solo el tango como se escucha a menudo. Muchas otras novedades le debe a Cocomarola este ritmo que paso a convertirse en la especie preponderante en el acervo musical del Nordeste. Así como una monumental labor creativa: se cuentan alrededor de quinientas obras compuestas por él. Pero, acaso, baste citar sólo dos de ellas: “Kilómetro 11” y “Puente Pexoa”, de ambas se puede decir que dieron la vuelta al mundo. Su vigencia actual se debe, con seguridad, a que fue, precisamente, un innovador. Se adelantó a su tiempo. Aunque él mismo dijo: “El músico debe ir delante de su público, pero no tan delante como para no poder tomarle de la mano”.
“Día Nacional del Chamamé” fue instituido el 19 de septiembre, en homenaje a este artista cuya vida terrena se extinguió ese día de 1974, hará mañana 20 años. Aunque a decir verdad, Cocomarola puede dormir tranquilo, ya que consiguió algo que todos buscan y pocos encuentran: la inmortalidad. Y con el sencillo argumento de saber observar y transmitir lo observado. Pero con el agregado de una tremenda sensibilidad.
CARLOS CORREA
Diario El Territorio- Domingo 18 de septiembre de 1994
REZO Y BAILE EN HONOR DE LA VIRGEN DE ITATÍ
Después de la misa, la gente se reúne aquí y allá, en el patio o en torno del fuego que dora el churrasco. También, hay algunos, en actitud de recogimiento, frente al altar de la Virgen. Cada vez, llegan más. Provienen de los alrededores o de sitios distantes, inclusive de Posadas.
De pronto, entran los músicos: un acordeonista y dos guitarristas. Se dirigen directamente al interior de la pequeña habitación, donde ha sido adornado con modestia un sitial de honor para Nuestra Señora de la Pura Concepción de Itatí. Y le entregan su serenata, en la cual no puede faltar un chamamé alusivo que es cantado a dúo por quienes también ofician de guitarristas.
Luego, al compás de la melodía del acordeón y las guitarras, le toca el turno al baile, por parte de aquellos que desean bailar en ofrenda a la Virgen. Los primeros en salir a la pequeña “cancha”, son los dueños de la casa: Florencio Franco y Damiana Bernal de Franco y, entre los aplausos de los concurrentes, son después imitados por otras parejas.
Así, comenzó la fiesta que “en lo de Franco”, en San Borjita, Corrientes, se realiza todos los 16 de julio, desde hace 19 años, en honor de la Virgen de Itatí. Todos los que tienen conocimiento de esa tradición, saben que pueden llegarse hasta el lugar, sin invitación alguna, para pasar unas horas en auténtica comunidad.
Conviene advertir que si bien el 9 de julio es el día dedicado a la festividad de la Virgen de Itatí, en Corrientes tiene mayor arraigo la celebración el 16 de julio, aniversario de la coronación de la sagrada imagen.
Y desde hace 19 años, los dueños de casa corren con el gasto: Ponen la carne para el asado, los chorizos, el pan casero o la galleta, el vino tinto y blanco, el jugo y hasta los utensilios de mesa, además de contratar a los músicos. En este 16 de julio, se estimó una concurrencia que osciló en las doscientas personas. Eso sí, todas comieron cuanto quisieron. Luego siguió el baile.
Y, todo esto, ¿por qué? O ¿para qué?, se preguntará más de uno, habituado tal vez a frecuentar ambientes donde tienen más importancia las cosas que las personas.
Para hallar la respuesta aproximada hay que adentrarse en el alma de esta gente, para entender el sentido y la forma en que ella desea expresar su devoción. Esta gente – nuestra gente – no concibe la manifestación solitaria de un compromiso con la Virgen. Quiere que su alegría sea compartida por otras personas. Por eso, la serenata, por eso el baile.
Se explica, así, el sentido casi religioso que también tiene el baile para el poblador rural. Esta actitud es bien distante de la que exhiben esos gauchos de opereta que nos suele mostrar la televisión y que exageran todo, hasta los gestos y los pasos de esta danza, despojándola de sentido y sentimiento.
El pueblo chamamesero, por el contrario, une el rezo con la danza y el canto. Tal como lo hacían aquellos que poblaron las Misiones de esta región hasta hace 230 años. Y tal como lo hacen hoy, Florencio Franco y Damiana Bernal, con sus hijos y nietos. Que atienden a los visitantes, con total desinterés en lo material.
Su interés es otro, es trascendente, pertenece al terreno del espíritu, de la devoción. De la religiosidad popular en definitiva.
CARLOS CORREA
31 de julio de 1994 - El Territorio
Etiquetas: RELIGIOSIDAD POPULAR
MURIÓ LUCAS BRAULIO ARECO
Anoche, casi sobre el cierre de la edición, cayó sorpresivamente la noticia en la redacción de EL TERRITORIO: “Murió don Lucas Braulio Areco”, dijo alguien.
Entonces, la noche nos pareció más inclemente, más fría. Misiones perdía a uno de sus hijos dilectos que, paradojalmente, no había nacido aquí, sino en la vecina Corrientes, en Colonia Garabí, el 26 de marzo de 1914.
Pero, el lugar de nacimiento de don Lucas no tiene importancia. “El hombre es como el árbol, pertenece a la tierra que le nutre y le da vida”, sentenció Lord Byron hace casi doscientos años. Y don Lucas pertenecía a Misiones. Era y es patrimonio de Misiones.
Artista multifacético: poeta, narrador, músico, excelente intérprete de la guitarra y el arpa, escultor y pintor, aparte de conversador ameno, de hablar pausado y ademanes cuidados. Areco es autor de numerosas melodías en ritmo de galopa, como “Misionerita” – grabada hasta en el Japón -, y de un chamamé como “El Hormiga”.
Pero, también, compuso preludios de notable factura que, interpretados por él, en solo de guitarra, constituyen una muestra de la altura que logró con su arte de autodidacto. Jorge Cardozo, su alumno preferido y hoy radicado en Europa, ofreció no hace mucho un recital con obras de Areco en el Carneggie Hall.
Pero, eso no debiera llamar la atención. El nombre de don Lucas se encuentra en catálogos y diccionarios del mundo entero, además de identificar a museos, plazas y avenidas de poblaciones de Misiones y Corrientes. Era amigo de artistas nacionales y extranjeros de renombre.
Desde hace muchos años, su vida transcurría en su casa del posadeño barrio 25 de Mayo, entre sus instrumentos, sus cuadros, sus atriles, sus esculturas y sus libros.
Su inmenso amor a la Humanidad surgía diáfano, transparente: “Me apena ver a la gente peleando, discutiendo, que no tenga para comer. Eso es una cosa, para mí, reprochable. Todos tendríamos que tener pan sobre la mesa”.
Por todo eso, la noche nos pareció más fría cuando nos dijeron: “Murió don Lucas Braulio Areco”, en tono reverente, casi como en un susurro, como para no molestar el alma del artista. Que, para entonces, ya había abandonado seguramente la habitación que ocupó durante 80 años, para quedarse y desparramarse por esta Misiones verdirroja a cuyo paisaje – hombre y naturaleza – él supo exaltar como pocos.
24 de julio de 1994 – Diario El Territorio
Etiquetas: HISTORIA REGIONAL
ISACO, UN PERRO Y LA SOLIDARIDAD
Son las 6:05 del 6 de marzo de 1994. Amanece sobre la capital correntina. Un perro callejero sube resueltamente las escaleras que conducen a uno de los salones velatorios de la empresa De Bonis. No son pocos escalones. Pero el animal sigue su derrotero, hasta llegar al lugar donde son provisoriamente velados (después se los llevaría al Teatro Vera) los restos de Isaco Abitbol.
Junto al féretro, se hallan únicamente la viuda del maestro de la música popular argentina, Porfidia Aguirre, y Alfredo Eduardo Ellero, uno de los fieles amigos de Isaco, y quien lo tuviera en su casa y se ocupara de cuidarlo durante el último tramo de su vida.
Ellero toma el perro lo alza para que lama las manos inertes de Isaco. Luego lo baja, y el animal desaparece.
Hasta aquí la anécdota narrada en Posadas por Ellero ante un grupo de amigos conocedores del afectuoso trato que, siempre, brindó el Patriarca a los perros. Con este agregado, a la pregunta: ¿fue casualidad?, Seguramente que no.
Otro amigo fiel de Isaco, el guitarrista Nicolás Antonio Niz, fue de la partida en aquella ocasión, en que viajaron a la capital misionera para agradecer las adhesiones durante la enfermedad del maestro y devolver una silla de ruedas que se les había facilitado. Con ellos, vinieron sus respectivas esposas; la de Niz, Zunilda Esquivel, aquella que formaba dúo con su hermana, a principios de los 50, y es la destinataria del chamamé “Zunilda”, grabado por el trío Cocomarola a mediados de la misma década.
A ellos, se les ofreció una cena en la sede del Centro de Residentes Correntinos en Misiones. Allí hablaron, entre otros, el titular de la entidad Huberto Bejar, Roberto Gunn y el “Gordo” Botiuk, quien en pocas palabras puso en evidencia la conducta solidaria de Ellero con Isaco: “Este hombre hizo por un amigo lo que no odas las mujeres hacen por sus maridos”.
Allí, también, Ellero hizo público su agradecimiento a los doctores Borgnia y Tossetti, del Hospital Militar de Corrientes, por la ayuda restada al Patriarca durante la enfermedad que lo llevó a la tumba.
De paso, los muchachos “despuntaron el vicio”: Antonio Niz acompañó con su guitarra maravillosa el bandoneón de “Chiche” Silva. Como para seguir evocando a Isaco, hoy a cuatro meses de la desaparición física del maestro.
CARLOS CORREA
Diario El Territorio – 10 de julio de 1994
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UN CREADOR EN LIBERTAD
“El mejor bandoneonista que escuché no se dedica al tango sino al chamamé, y se llama Isaco Abitbol”, sentenció alguna vez, con su voz cascada, Aníbal “Pichuco” Troilo, ese “Gordo” genial.
Habrá sido porque Isaco era un creador en libertad. No se ajustaba a molde alguno, cuando se ponía a transformar en música la propia música del paisaje urbano o rural. Y era de los que miraban para adelante. De los que se adelantaban a su tiempo, escudriñaba intuitivamente el futuro y avanzaba dando grandes saltos.
Hay temas de su factura que, aún hoy, no figuran en repertorio alguno, a pesar de su antigüedad, porque se los considera o como de difícil ejecución o poco proclives a disfrutar el gusto de la gente. ¡Como si fueran intérpretes del gusto de la gente!.
Otros debieron aguardar largos años. Tal lo sucedido con piezas como “La calandria”, compuesta en 1946 y estrenada al año siguiente, o “Bodas de plata”, que el maestro dedicara en 1939 a un médico de Alvear que ese año cumplía, precisamente, sus Bodas de plata” como profesional. Esas y otras composiciones fueron – y son – admiradas, aplaudidas, aunque, salvo contadas excepciones, debió transcurrir mucho tiempo desde su elaboración, antes de que otros músicos las tocaran.
Pero, ¿de dónde le venía esa creatividad a Isaco?, ¿quién puede saberlo?, sólo Dios, que pone en cada ser los atributos que le harán destacarse en su paso por la Tierra, si es que se le dan las posibilidades del caso.
Puede decirse que a Isaco se le dieron.
Había nacido en la localidad correntina de Albear, el 29 de noviembre de 1917. Apenas adolescente, conociendo sus inclinaciones por la música, un familiar le regaló una bandónica, hasta que él, por su parte, “descubrió” el bandoneón mientras estudiaba teoría y técnica musical en su pueblo con Sebastiana Disanti y Heraclio Hidalgo (padre éste de la cancionista Ginnamaría Hidalgo, exitosa dos décadas atrás).
Paralelamente, con otros jóvenes, integraron un conjunto musical que amenizaba bailes en la zona y, asimismo, entretenía al público mientras el operador del cine mudo que regenteaba su padre, cambiaba las “tortas” de las películas entre acto y acto.
Su padre era propietario, también, de una tienda: “La liquidadora”. Muchas veces, cuando le recordaban ese nombre, Isaco exclamaba: “¡Lindo nombre fue a ponerle papá: pronto el negocio estuvo “liquidado!”.
ISACO POLIFACÉTICO
Quién lo frecuentaba sabía que este maestro de la música popular argentina poseía, al mismo tiempo, un fino sentido del humor y manejaba con destreza la ironía. Célebre era su inclinación a “bautizar” con apodos a sus amigos, observándoles alguna singularidad del cuerpo o cierta característica del temperamento.
Era un hombre inteligente, talentoso, luminoso. La luminosidad del alma se le derramaba por la mirada de sus grandes ojos, que asomaban en un rostro que denotaba su indudable ascendencia semítica. La inteligencia se le manifestaba en sus largas y amenas charlas, sobre las “cosas de la vida”, o sobre política, otra de sus pasiones (era peronista, pero en 1983 anticipó el triunfo de Raúl Alfonsín, porque – dijo – lo seguían los jóvenes” y al político que le sigan los jóvenes, gana”).
Pero, sobre todo, su inteligencia, su talento, irrumpía con vigor incontenible, contundente, cuando tocaba el bandoneón, ya fuere en temas instrumentales o acompañando a cantores, todo lo cual hacía siempre sin ensayo previo, sin ajustar nada de antemano.
Esta permanente actitud de improvisar lo llevó en 1950 a desvincularse del Cuarteto Santa Ana, que conformara siete años antes en codirección con Ernesto Montiel (una personalidad contrapuesta, justamente). Este acto había sido originada en otra desvinculación: la de Isaco y Montiel del conjunto “Los Hijos de Corrientes (Los paisanitos campiriños)”, que dirigía Emilio Chamorro. El alejamiento de ambos, y de Luis Acosta y Basilio Mago, obedeció a la tozudez con que Chamorro defendía la permanencia en el grupo de la cancionista Irma Maciel, con cuyo desempeño estaban absolutamente disconformes los otros integrantes.
Inclusive hoy, pocos deben conocer la afición tanguera de Isaco, que fue la que lo llevó a Buenos Aires a mediados de la década del 30. Pero, allá se reencontraría con sus raíces.
Esas raíces que le brotaban en los dedos y se agarraban con fuerza al teclado de su bandoneón, para pulsarlo y devolver a su pueblo lo que éste le inspiraba.
“Yo, soy un agradecido de la vida: la vida me dio más de lo que merezco: amigos, la gente que me quiere y mi santa madre a la que nunca olvido”, dijo algunos años atrás.
Por ello, agregó esta frase cargada de sabia ironía: “Voy a tocar hasta que Dios diga ¡basta! Y si Él me manda algún mensajero, primero vamos a discutir cuándo voy a hacer el “viaje”. ¡Es que es tan linda la vida!”.
En la madrugada de ayer, llegó a un acuerdo con el mensajero, después de “discutir” bastante, por lo que se vio.
CARLOS CORREA
7 de marzo de 1994 – Diario El Territorio
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EN POSADAS, LA PRIMERA VEZ
Posadas es una ciudad por la cual Isaco Abitbol sintió siempre una particular atracción. Desde aquel diciembre de 1941, en la que la visitó por primera vez.
Vino a Misiones para cumplir una serie de actuaciones en la zona, como integrante del conjunto “Los Hijos de corrientes”, que dirigía Emilio Chamorro. Este grupo ofreció un recital en el cine “Sarmiento” (remodelado después, pero en el mismo sitio que hoy ocupa esa sala en la calle Córdoba), el 16 de diciembre de 1941.
Esa presentación se constituyó en la primera de Isaco ante el público de Posadas, y acaso también la primera de un conjunto profesional chamamesero en la capital misionera.
Seguramente, el “enganche” habrá venido por medio de otro integrante del grupo: Luis Acosta, con vinculaciones en Posadas, donde se radicaba su familia, luego de mudarse del paraje Santo Tomás, en la vecina Corrientes, justo en el límite con Misiones, y donde aquél naciera. No obstante, Acosta creció en la capital misionera, en el barrio Rocamora, y después de intentar en diversas labores, se trasladó a la Capital Federal. Además de Chamorro, Isaco (por entonces con 24 años pero ya un bandoneonista consumado) y Acosta, quien figuraba como poeta-recitador, Ernesto Montiel y Basilio Mago también participaban en este conjunto. Que, por ejemplo, el 13 de diciembre de ese mismo año 1941, actuó ante los micrófonos de la desaparecida ZP 3, Radio Bouquet, de Encarnación, Paraguay, como parte de la gira aludida.
CARLOS CORREA
7 de marzo de 1994 – Diario El Territorio
Etiquetas: MÚSICA REGIONAL
“CANDILEJAS”
¿Qué composición musical conmovía más profundamente a Isaco Abitbol”. Esta pregunta bien merece el relatar una anécdota.
En cierta ocasión, y luego de un baile en Alvear, Isaco fue invitado por algunos amigos a seguir “musiqueando” en un comedor ubicado cerca de la entrada del pueblo. Así estaban, cuando sus amigos, ya bastante “entonado”, empezaron a contar cuáles eran las piezas musicales de su preferencia y las que les hubieran gustado que fueran tocadas cuando los llevaban camino del cementerio, en el viaje final. Obviamente, se hablaba sólo de chamamé.
Le llegó el turno a Isaco:. “Y vos, ¿cuál es el tema que te gustaría que se tocara en tu muerte?, le preuntaron. “Candilejas”, respondió Isaco con sinceridad. Y candidez, porque sus amigos le reprocharon severamente que se inclinara por una “música extranjera”.
Olvidaban – o no sabían – que el maestro arrastraba una culpa íntima por no haber atendido a su familia como él consideraba que le debía atender. Y que debido a su bohemia, a los suyos les había brindado “sólo candilejas”, tal como lo dice el tema del genial Carlitos Chaplin.
CARLOS CORREA
7 de marzo de 1994 – Diario El Territorio
Etiquetas: MÚSICA REGIONAL
INGRATITUD, EL MÁS GRAVE DE LOS MALES QUE SUFRE ISACO
“Ustedes tienen que tomar la bandera porque yo ya me voy”, dijo Isaco Abitbol con voz cansada. Destinatarios de su exhortación, los hermanos Tarnowski, misioneros de Apóstoles, quienes todavía no han abandonado la niñez y ya “pintan” como consumados intérpretes chamameseros.
Isaco – se sabe – soporta los rigores de una penosa enfermedad y su vida se apaga paulatinamente. Pero, no sólo son esos los rigores que sufre el maestro; hay uno más fuerte, más contundente: la ingratitud, sobre todo de las esferas oficiales y de los artistas – músicos como Isaco – de Corrientes, su provincia.
Alfredo Eduardo Ellero dijo que “sobran los dedos de una mano”, cuando se le preguntó quiénes de los músicos correntinos se interesaban por la salud del autor de “La calandria”. Y añadió: “Nicolás Antonio Niz, Rubén Miño – porque los dos se consideran como hermanos de Isaco – y Coquimarola; los demás, nunca aparecieron”.
Además, sus amigos: Julio Micheli, el grupo de Posadas que se moviliza constantemente hacia la ciudad de Corrientes, como de Gobernador Virasoro y Apóstoles.
En la capital correntina, el maestro se hospeda en la casa de Ellero, atendido por éste y su esposa, Norma Mirna Gauto de Ellero. “No queremos más donaciones en dinero, porque uno que Isaco no tiene apremios, y otro que hay quienes se aprovechan de él, y le sacan la plata; mi esposa y yo nos “bancamos todo”, afirmó también Ellero.
No obstante, conocidas son las exigencias de una enfermedad como la que sufre el maestro, a pesar de que se halla atendido solícitamente por los doctores Pedro “Cholo” Vera y Popescu.
A todo esto, cuesta creer que, entre tantos músicos que viven en Corrientes, muchos de los cuales ponen énfasis en la solidaridad como característica de la idiosincrasia del paisano del Nordeste, sólo Antonio Niz, Rubén Miño y Mario del Tránsito Cocomarola (conocido como Coquimarola, hijo del desaparecido autor de “Kilómetro 11” visiten al enfermo.
“Del dicho al hecho, hay mucho trecho”, dice un conocido refrán. Y ello sería aplicable, justamente, a quienes cargaron de elogios, antes, a Isaco, y hoy ni se acuerdan de acercarse hasta su lecho de enfermo. También, a las autoridades del gobierno correntino, que habrían cerrado las puertas de los despachos oficiales ante el reclamo de ayuda formulado en reiteradas ocasiones.
No prestar atención hoy nada menos que a Isaco, quien – al igual que otros de su talla – hizo tanto para que se conociera su provincia dentro y fuera del país, no podrá ser reparado mañana cualquiera fuere la actitud futura del gobierno correntino. Aunque, en rigor y salvo contadas excepciones, el orden establecido de la ciudad de Corrientes siempre dio la espalda a sus músicos populares. Es que, además, es en el interior de la hermosa provincia donde creció el chamamé con raíces comunes a la región guaranítica.
CARLOS CORREA
27 de febrero de 1994 – Diario El Territorio
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RAÚL BARBOZA
CON EL CHAMAMÉ, EN PARIS
Hace seis años, Raúl Barboza comunicó a sus amigos que se iba a Europa. Parecía ser un viaje más, de los tantos que había hecho al exterior este excepcional acordeonista. No fue igual. Y para nada da muestras de estar incómodo en París, aunque, por allí, la nostalgia lo envuelve y le hace añorar las cosas de nuestra tierra.
Astor Piazzola le abrió las puertas y patrocinó su primer recital. Entonces, los franceses que creían que ya no podía extraerse nada más del acordeón “descubrieron” que había alguien que del dominio de ese instrumento - cuyo remoto antecesor es el órgano portátil – sabía mucho más.
Y de complemento, les entregaba esa música cadenciosa de nombre exótico e ignorada hasta ese momento: chamamé.
Porque, hasta allí sólo contaba el tango y unos pocos de sus cultores: Carlos Gardel, Astor Piazzola, Susana Rinaldi.
Hoy, en la capital francesa, es vastamente conocido este notable músico chamamesero, nacido en Buenos aires el 22 de junio de 1938, de padre curuzucuateño, Adolfo Barboza y de madre santafesina, Pilar Acuña.
Con el primero, guitarrero y compositor, aprendió música cuando era niño, tanto que, para que lo vieran tocar el acordeón en las reuniones, tenía que pararse sobre una silla. De ahí lo de “Raulito”, apodo con el que muchos lo distinguen hasta el presente.
En Francia, Raúl Barboza se encontró con deseos de conocer, aparte del tango, qué otros ritmos componen la geografía musical argentina.
“Entonces yo les hablo de la música de las diferentes regiones – explica -, y les hablo de la música de la región guaraní, que antiguamente abarcaba el Paraguay, lo que hoy es el sur de Brasil y el nordeste argentino. Todo, en una sola región”.
Pero, no piensa únicamente para atrás, también para adelante: “Ojalá no hubiera fronteras, ojalá no existieran Corrientes ni Misiones y que todo vuelva a ser una misma región”.
Y, así, recuerda a su padre, Adolfo Barboza, correntino, de Curuzú Cuatiá. O las veces que estuvo en Posadas, donde, por otra parte, empezó lo que él mismo llama su carrera artística, luego que fuera consagrado en el Primer Festival de la Música del Litoral, en 1963.
Había venido para acompañar al cantor entrerriano Miguel Codaglio, pero el público posadeño lo distinguió de inmediato y dio por tierra con el presagio de los responsables del sello en el que realizara su primera grabación con su nombre. “su música no sirve”, le dijeron.
Hoy, el chamamé “Don Floro”, grabado por Raúl Barboza en aquella oportunidad – finales de los 50 -, constituye una pieza de antología.
No sólo eso. También triunfa en Europa, sin haber abandonado su evolución como artista.
Unas y otras son fronteras, tanto las que subdividen la región guaraní como las que ciegan la mente de tanta gente, impidiéndole observar o vislumbrar los cambios que se van produciendo en la realidad.
5 de septiembre de 1993 – Diario El Territorio
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