FESTIVAL DEL LITORAL (lll) POR QUÉ PENSAMOS EN ESTAS COSAS
publicado a las: 1:24 p.m.
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Festival del Litoral (III)
Por qué pensamos en estas cosas
Antes de entrar en la materia de esta nota (tercera de la serie que dedicamos a respaldar la iniciativa de reactivación del Festival del Litoral), creemos conveniente efectuar algunas consideraciones, debido a que mucha gente tal vez se pregunte sobre las razones que nos mueven a hablar de un encuentro que generalmente – y de manera errónea – se relaciona con fiestas y con la música como expresión de alegría, en momentos en que nuestro país se halla inmerso en una guerra.
¿ Por qué pensar en la expansión espiritual, en el canto y la danza, cuando los argentinos estamos sufriendo, llorando las consecuencias de un conflicto bélico frente a un enemigo que no se detiene siquiera ante mínimas normas de respeto al ser humano indefenso?
¿ Por qué pensar en festivales, si todo el esfuerzo nacional debe estar dirigido a ganar la guerra?
Pues, por todo ello, precisamente. Porque el festival que pretendemos no encierra el propósito de una simple explosión de alegría (aunque si así fuera, los pueblos como los hombres que lo componen tienen un momento para todo: para reir, llorar, amar, sufrir, soñar, vivir en definitiva, y para morir, pero, en todo tiempo, defender sus derechos, y armarse y pelear cuando peligra la Patria)
El festival que pretendemos persigue la meta de consolidar los valores de nuestra cultura, para afirmar nuestra identidad como parte de la comunidad nacional. Y para afirmar nuestra nacionalidad.
Cuando se enfrentan situaciones críticas como la actual, es que afloran los sentimientos de la nacionalidad; es cuando volvemos la vista hacia nuestro interior y el interior de nuestro pueblo: “miramos hacia adentro de nosotros mismos y de nuestro pueblo” en busca de los valores que nos distinguen del resto del mundo, valiéndonos de los ejemplos heroicos de nuestros mayores, a fin de munirnos de la fuerza necesaria para superar airosos las dificultades que se nos presenten.
¿Es que no cantan, también, los soldados que están en el frente? Si no, ahí están las guitarras que han pedido desde las Malvinas y que se les han enviado por centenares.
Finalmente, necesitamos hablar de todo esto porque el país no debe detenerse. Y no se detendrá. Porque el triunfo será nuestro, en definitiva. La Argentina, nuestra Patria, es permanente.
Entonces, tenemos la obligación de pensar en el futuro.
LOS OBJETIVOS INICIALES
Las primeras ediciones del Festival de la Música del Litoral (o de la Música Litoraleña) se mantuvieran en gran medida dentro de los lineamientos fijados por los autores de la iniciativa – lanzada como dijimos en notas anteriores – a principios de 1963.
Tales lineamientos respondieron al propósito de lograr que el folklore de la región – en su concepción integral – sea considerado en un plano similar al que, entonces, se destinaba al de otras áreas del país. De ahí que, inicialmente y además de las rondas destinadas a la música, el canto y la danza, se programaran simposios y muestras de artesanías.
“En ese contexto, se buscó dar una imagen integral de la provincia, en lo cultural, folklórico, costumbrista y, al mismo tiempo, promover el sentido creativo de los misioneros, haciendo una cosa honesta “, según Lucas Braulio Areco, uno de los gestores de la idea.
¿ Qué pasó después? ¿ Por qué se desvirtuaron esos objetivos?
Consideramos – y en ello coincidimos con lo que se sostiene en diversas esferas – que en algún momento los responsables de la organización se dejaron ganar por cierto “facilismo”, consistente en la contratación de figuras que estaban en el “candelero”, y que eran “taquilleras” por lo tanto, en aras de brindar color al espectáculo.
Pero, simultáneamente, el encuentro fue perdiendo contenido.
En primer lugar, se le modificó la denominación. Ya no se llamó Festival de la Música del Litoral (o Litoraleña): con los años fue, simplemente, Festival del Litoral o Festival de Posadas.
Cabe advertir sobre esta diferenciación que no es tan sutil como aparenta.
La denominación original implicaba el decidido propósito de fomentar la música y otras expresiones folklóricas del Litoral, además de favorecer el surgimiento de artistas de la región. Por el contrario, el nombre de Festival del Litoral o de Posadas traducía la finalidad de – tan solo – ubicar geográficamente la sede del encuentro. (En esa época, se hablaba de “hacerlo sombra a Cosquín”, como si ello fuera el objetivo, aunque esto reflejaba en alto grado el rumbo que se había tomado).
Es decir que – por ese camino y acaso en forma involuntaria – se lo despojó de la esencia que se pretendió en los orígenes. Más aún porque ese cambio incluyó la eliminación del simposio que congregaba a los estudiosos y de la competencia que protagonizaban las distintas delegaciones provinciales del área.
No debe entenderse esto, de ningún modo, como un olvido de la significación alcanzada por la presencia aquí, en el marco de sucesivas ediciones festivaleras, de destacadas figuras de la música popular argentina. (Así, también, se contrataban otras a las que más vale olvidarlas).
Pero – vale apuntar – los aportes que fueron y son capaces de brindar tales figuras no sedimentaron, ante la ausencia de una labor integral, de toda una maquinaria cultural que se moviera en torno del espectáculo musical, para respaldarlos y afirmarlos en la población.
CARLOS CORREA
09 de mayo de 1982 – Diario El Territorio
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