Carlos Correa
FESTIVAL DEL LITORAL (I) ¿Y LA MÚSICA NACIONAL, QUÉ?
publicado a las: 12:20 p.m.



Festival del Litoral (I)

¿Y LA MÚSICA NACIONAL, QUE?

El fondo musical de “La marcha del rio Kwai” (a la que se le atribuye el carácter de alabanza al heroísmo británico por el comportamiento de sus tropas en una contienda bélica) prestado a un comentario deportivo efectuado por una radiodifusora argentina, nos movió a realizar estas reflexiones (en la primera de las notas que pensamos dedicar al respaldo de la decisión de reactivar el Festival del Litoral). No es del caso identificar a la emisora, ya que se trata de una simple anécdota, si bien ilustrativa del panorama en el que se debate la música nacional desde hace unos años. En el mismo plano se ubica la inclusión, en un programa televisivo que los misioneros vimos el domingo anterior, de un conjunto que interpretaba música extranjera en el marco de paisajes de Entre Ríos. Otra anécdota; y como ésas, centenares.

En estos días, los argentinos – sin excepción, gobernantes y gobernados, militares y civiles, dirigentes y dirigidos – han puesto a la consideración mundial su irrenunciable propósito de sostener la soberanía efectiva sobre la totalidad del territorio que nos pertenece por títulos de cuya legitimidad no caben dudas. En ese orden, no nos hemos apartado de nuestra actitud de siempre, sólo que ahora el mundo ha tomado cabal conciencia de ello, a propósito de la recuperación de las islas Malvinas, Georgias y Sandwich del Sur.

Tenemos conciencia, también, que la soberanía no constituye un concepto de aplicación unilateral, destinado exclusivamente al dominio sobre el espacio geográfico. Si bien ese dominio es básico, sobre él debe asentarse la soberanía que necesitamos ejercitar en otros órdenes.

El cultural, entre ellos.

Porque es fundamental que, además de contar con un territorio sobre el cual se asiente organizadamente, una nación exista cuando dispone de identidad, que la distingue del resto de la comunidad internacional. Identidad que requiere de elementos propios, que sirva para identificarla (valga la insistencia).

Que, en nuestro caso, nos ayude a establecer “de donde venimos y quienes somos”.

Por cierto que nada más lejos de ese propósito que la extraordinaria difusión que se concede desde hace años a la música extranjera, en detrimento de los ritmos nacionales. A tanto llega la infiltración que hoy en día proliferan los conjuntos que no solamente tocan dicha música, sino que se considera que “está fuera de onda” toda agrupación cuyo vocalista no canta en idioma extraño.

Tampoco, nada más lejos de nuestro ánimo que valernos de argumentos “chauvinistas” para sustentar estas reflexiones. Nunca ha sido ése nuestro método, si por “chauvinismo” se entiende la defensa irracional de todo lo que se origine dentro del país – aún las lacras sociales - y el rechazo con el mismo énfasis – aún de lo probadamente bueno, positivo y, por lo tanto, beneficioso – de lo extranjero.

Sobre ese particular, el 3 de enero pasado dijimos por este mismo medio: “…No significa lo dicho – de ningún modo – la descalificación lisa y llana de todo lo que viene de afuera en materia musical (ni en ninguna otra materia)”.

Y agregamos esta apreciación terminante: “No se puede cometer una torpeza semejante..”. Para concluir: “…Además, hemos dicho en diversas ocasiones: bienvenida la influencia, cuando ella es beneficiosa, cuando nos enriquece…”.

La cita es oportuna para evitar errores de interpretación sobre el objetivo que nos guía.

Y como la música llamada “moderna” está destinada a un público de edad determinada – los jóvenes – nos vemos en la obligación de aclarar que tampoco estas consideraciones deben tomarse como oposición a que se la difunda. No se puede incurrir en tamaño error, máxime que la juventud siempre se ha inclinado por ese tipo de ritmos.

MÚSICA NACIONAL

Pero, sí, destacamos que se debe propender a que la juventud cultive, sobre todo, la música nacional, la de su país, la que –en este orden – la identifica como perteneciente a una nación distinta de otras.

Si no se procede de ese modo, ¿qué harán estos jóvenes de hoy cuando mañana les toque ejercer cargos de responsabilidad, cumplir diferentes roles en la comunidad?

Habrá que aplaudirlos y resaltar su actitud en el hipotético caso que actúen en consonancia con su origen, propiciando la divulgación de las expresiones de su cultura.

Sin embargo, lo más probable es que una inmensa mayoría de ellos transmitan lo que a su vez recibieron en la etapa de sus vidas en que han sido formados, inclinados a aceptar sin oposición temas totalmente extraños a los valores de su nacionalidad.

El desarraigo es la meta que se persigue por este camino (involuntario, claro está, ya que ningún pueblo tiene vocación de suicida).

Ese es el riesgo que se corre.

En ese contexto realmente desalentador, merece el apoyo sin retaceos todo propósito dirigido a lograr la divulgación masiva de la música nacional. Todo reducto en el que se instale un bandoneón, una guitarra, un acordeón, un bombo o cualquier otro instrumento típico y en el que se levante una voz que reproduzca nuestra voz, tiene que ser respaldado.

Debemos recordar que aquella “explosión” de música argentina registrada en los años 60 no surgió de la nada. No fue “un rayo en un cielo sereno”.

Constituyó el resultado de una labor previa, de largo tiempo en que se cultivaron nuestros ritmos en mayor grado, influenciándose especialmente sobre la niñez. Y cuando, en 1960, esos niños alcanzaron la juventud, se inclinaron decididamente por las expresiones de su propio acervo (sin descuidar, por ello, su atención por ritmos que en algún modo también distinguieron a los jóvenes de todos los tiempos).

Por aquellos años, asimismo, surgió la idea de realizar en Posadas un festival que propiciara la creatividad de los artistas del Litoral y se convirtiera en vehículo de divulgación de la música de la región. A la vez, que se erigiera en centro de atracción de los estudiosos que investigan nuestro pasado, para brindar mayor sustento a las creaciones.

Ahora, se ha revitalizado la idea original. A partir de allí, hay que avanzar sin demora. Porque el tiempo urge.

De esa manera, estaremos contribuyendo a que se busque una obra que nos identifique, cuando sea necesario musicalizar un programa muy nuestro. Y no haya que recurrir a composiciones extrañas, como en los casos comentados al comienzo.

O como sucede en uno de los cortos televisivos sobre las Malvinas, que tiene de fondo un tema que – t a m a ñ a contradicción – no suena como definidamente nacional.

CARLOS CORREA



25 de abril de 1982 – Diario El Territorio

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1/09/1982: Conferencia "El Sindicalismo Argentino". Carlos Correa.
Quién es Carlos Correa
Nació en Posadas cuando en la Catedral daban las doce campanadas de un mediodía del mes de Noviembre de 1939.
Fueron tantas las actividades que desarrolló que resulta muy difícil resumirlas: periodista, sindicalista, militante político, docente, etc. Pero sobre todo, un profundo conocedor de su región misionera, sus costumbres, su música, sus bailes, es decir, de la cultura regional en sus distintas manifestaciones.
Después de tanta lucha, partió a "la Tierra sin mal" el 28 de Marzo de 2012, dejando una huella trascendente en nuestra historia.
Los aportes que brindó con sus conocimientos, pero sobre todo con su gran humanismo, me impulsan a crear esta página para transcribir -en parte- sus notas publicadas, la mayoría en "El Territorio" de Posadas, con el propósito de que les sea útil a quien las necesite, pues siempre fue muy altruista y generoso en enseñar lo que sabía.

Alba
Los cuarenta años de amor que vivimos en pareja con Carlos Correa, tantas actividades que encaramos juntos, la amistad y comunión de ideales que nos unieron me impulsan a concretar este sueño de compartir con los demás, aunque más no sea, una parte de su saber. Alba Rosabel Melo.

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