TRÁNSITO COCOMAROLA
publicado a las: 12:00 p.m.
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MUSICA REGIONAL
“KILÓMETROS DE MÚSICA”
Había nacido en un paraje de la correntina San Cosme. Pero, como sucede con los que atesoran el mundo en un pequeño rincón del planeta, la música de Cocomarola es universal. Ya no pertenece a Corrientes, ni al Litoral ni siquiera a la Argentina: es patrimonio de los seres humanos, de todos, sin distinciones de ninguna índole.
Si se pretende una sintética biografía, puede decirse que su nombre completo era Mario del Tránsito Cocomarola, y fue el quinto hijo del matrimonio formado por Felipe Cocomarola, un italiano, de Capri, y María Vicenta Aquino, una correntina. Vino al mundo el 15 de agosto de 1918, en el paraje El Albardón, donde su padre tenía un campo y del cual extraía el sustento para su familia que, con él, sumaban siete.
“KILÓMETROS DE MÚSICA”
Había nacido en un paraje de la correntina San Cosme. Pero, como sucede con los que atesoran el mundo en un pequeño rincón del planeta, la música de Cocomarola es universal. Ya no pertenece a Corrientes, ni al Litoral ni siquiera a la Argentina: es patrimonio de los seres humanos, de todos, sin distinciones de ninguna índole.
Si se pretende una sintética biografía, puede decirse que su nombre completo era Mario del Tránsito Cocomarola, y fue el quinto hijo del matrimonio formado por Felipe Cocomarola, un italiano, de Capri, y María Vicenta Aquino, una correntina. Vino al mundo el 15 de agosto de 1918, en el paraje El Albardón, donde su padre tenía un campo y del cual extraía el sustento para su familia que, con él, sumaban siete.
De su padre, quien con el tiempo sería “El Taita”, aprendió cuando niño la ejecución rudimentaria de un acordeón que aquel inmigrante había traído desde la isla lejana. Y, acaso también, una confesa admiración por el violinista Antonio Vivaldi, el compositor italiano de música del período barroco. Esa admiración Cocomarola siempre disfrutaba escuchando “Las cuatro estaciones” – se habría de transformar luego en adhesión y de allí que no es descabellado el calificativo de “el más barroco de los compositores chamameseros” que le destinaron alguna vez. (Es claro que, en esto, confluye además otra historia que tiene que ver con la enseñanza musical y en las reducciones jesuíticas, cuyo florecimiento coincidió con el período del barroco).
La muerte de su padre, lo introdujo de golpe en la actividad musical profesional. Con escasos trece años, debió esforzarse para contribuir al sostén de su familia que, para colmo y de resultas de un juicio, perdió igualmente el campo que formaba parte de la herencia paterna.
Estos hechos habrán marcado su personalidad: era uno de esos hombres a los que se les califica de “familieros”, ya que no se hallaba lejos de su esposa y de sus hijos. Sus viajes largos, los hacía acompañados por todos. Además, tenía amigos en todas partes y su casa estaba siempre llena de gente. Quería a su tierra, a su paraje, a su provincia. Y su música - ¡ ah, su música!- reflejaba todo ese paisaje humano y natural que lo rodeaba. Con tanta autenticidad que para él es válido aquello de “pinta tu aldea y pintarás el mundo”.
Fue un innovador, un renovador. Desde la formación del primer conjunto con su nombre, antes de que concluyese la década del 30, o cuando militaba en la formación “Los Hijos de Corrientes”, que dirigía Emilio Chamorro, para volver a integrar su propio grupo. Era un trío, y con un dúo de cantores y guitarristas, cuando todos los conjuntos de música regional reunían a muchos integrantes, a veces con un cantor solista. Después, introduciría la instrumentación en la interpretación chamamesera, en momentos en que se producía “la revolución del 40”, un movimiento que abarcó toda la música popular argentina, y no solo el tango como se escucha a menudo. Muchas otras novedades le debe a Cocomarola este ritmo que paso a convertirse en la especie preponderante en el acervo musical del Nordeste. Así como una monumental labor creativa: se cuentan alrededor de quinientas obras compuestas por él. Pero, acaso, baste citar sólo dos de ellas: “Kilómetro 11” y “Puente Pexoa”, de ambas se puede decir que dieron la vuelta al mundo. Su vigencia actual se debe, con seguridad, a que fue, precisamente, un innovador. Se adelantó a su tiempo. Aunque él mismo dijo: “El músico debe ir delante de su público, pero no tan delante como para no poder tomarle de la mano”.
“Día Nacional del Chamamé” fue instituido el 19 de septiembre, en homenaje a este artista cuya vida terrena se extinguió ese día de 1974, hará mañana 20 años. Aunque a decir verdad, Cocomarola puede dormir tranquilo, ya que consiguió algo que todos buscan y pocos encuentran: la inmortalidad. Y con el sencillo argumento de saber observar y transmitir lo observado. Pero con el agregado de una tremenda sensibilidad.
CARLOS CORREA
Diario El Territorio- Domingo 18 de septiembre de 1994