ISACO, UN PERRO Y LA SOLIDARIDAD
publicado a las: 10:06 a.m.
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ISACO, UN PERRO Y LA SOLIDARIDAD
Son las 6:05 del 6 de marzo de 1994. Amanece sobre la capital correntina. Un perro callejero sube resueltamente las escaleras que conducen a uno de los salones velatorios de la empresa De Bonis. No son pocos escalones. Pero el animal sigue su derrotero, hasta llegar al lugar donde son provisoriamente velados (después se los llevaría al Teatro Vera) los restos de Isaco Abitbol.
Junto al féretro, se hallan únicamente la viuda del maestro de la música popular argentina, Porfidia Aguirre, y Alfredo Eduardo Ellero, uno de los fieles amigos de Isaco, y quien lo tuviera en su casa y se ocupara de cuidarlo durante el último tramo de su vida.
Ellero toma el perro lo alza para que lama las manos inertes de Isaco. Luego lo baja, y el animal desaparece.
Hasta aquí la anécdota narrada en Posadas por Ellero ante un grupo de amigos conocedores del afectuoso trato que, siempre, brindó el Patriarca a los perros. Con este agregado, a la pregunta: ¿fue casualidad?, Seguramente que no.
Otro amigo fiel de Isaco, el guitarrista Nicolás Antonio Niz, fue de la partida en aquella ocasión, en que viajaron a la capital misionera para agradecer las adhesiones durante la enfermedad del maestro y devolver una silla de ruedas que se les había facilitado. Con ellos, vinieron sus respectivas esposas; la de Niz, Zunilda Esquivel, aquella que formaba dúo con su hermana, a principios de los 50, y es la destinataria del chamamé “Zunilda”, grabado por el trío Cocomarola a mediados de la misma década.
A ellos, se les ofreció una cena en la sede del Centro de Residentes Correntinos en Misiones. Allí hablaron, entre otros, el titular de la entidad Huberto Bejar, Roberto Gunn y el “Gordo” Botiuk, quien en pocas palabras puso en evidencia la conducta solidaria de Ellero con Isaco: “Este hombre hizo por un amigo lo que no odas las mujeres hacen por sus maridos”.
Allí, también, Ellero hizo público su agradecimiento a los doctores Borgnia y Tossetti, del Hospital Militar de Corrientes, por la ayuda restada al Patriarca durante la enfermedad que lo llevó a la tumba.
De paso, los muchachos “despuntaron el vicio”: Antonio Niz acompañó con su guitarra maravillosa el bandoneón de “Chiche” Silva. Como para seguir evocando a Isaco, hoy a cuatro meses de la desaparición física del maestro.
CARLOS CORREA
Diario El Territorio – 10 de julio de 1994
Etiquetas: HISTORIA REGIONAL