RAUL BARBOZA LOS DISCOS DE LA MEMORIA
publicado a las: 6:06 a.m.
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Raúl Barboza
LOS DISCOS DE LA MEMORIA
Su primer disco europeo, Raúl Barboza lo grabó en Alemania, en el 89. Pero, desde que Piazzola le “abriera las puertas” de París, “hice músicos, les enseñé a tocar chamamé, rasguido doble, polca, valsecitos. Formé un grupo con Lincoln Almada, un arpista paraguayo que vive en Amsterdam, Holanda; Ciro Pérez, un excelente guitarrista uruguayo; un chico Filippini, hijo de correntinos criado en Salta, y yo”.
Después, incorporó al argelino Jean Louis Carloti, quien lo acompañó en su segunda grabación, que la llevó a cabo, además, con el guitarrista correntino Rudy Flores (en ese momento en París y a quien, junto a su hermano Nini, “Raulito” calificó como “los mejores músicos chamameseros que he escuchado hasta ahora”); Minino Garay, un percusionista cordobés que vive en París, y Lincoln Almada.
Pero, si su primer trabajo discográfico fue bien recibido por el público, el segundo – que salió casi en silencio – tuvo un resonante éxito de la crítica especializada. Las columnas de los diario “Le Monde”, “Le Figaro”, Le Jour”, “Le Nouvel Observateur” y otros, lo colmaron de elogios.
Dijo, por ejemplo Frank Bergerot (“Le Monde”) de Raúl Barboza: “De su acordeón salen los clamores de la gente, el murmullo del viento entre los árboles, las gotas de lluvia, el salto del puma y el ruido del tren envuelto en vapor”.
Dijo, asimismo, que, “en él, su generosidad prima sobre el resto de sus virtudes, y sus versos se deben permanentemente a su público, que revive la nobleza de su presencia escénica, la dignidad de su rostro tenso por el esfuerzo, la gravedad de sus propuestas musicales, la profundidad de su sonoridad, el don de la evocación en sus acordes, la agilidad de sus dedos y la independencia de sus manos”.
“Todo eso que nos había encantado de sus conciertos – señaló más adelante el crítico-, lo recordamos hoy, con su nueva obra y constatamos que nuestros ojos no nos habían engañado.
“Esa bondad, esa inagotable alegría, esa ligereza con la que él matiza la nostalgia particular y solemne de los músicos de Argentina, él las extrae de la cultura lugareña de los indios guaraníes . Esa cultura lleva un nombre, un nombre de danza, un nombre de fiesta: ¡ chamamé!.
No piensa volver para quedarse. Acaba de firmar contrato para grabar otros discos en los próximos cinco años. Tiene compromisos en de grabación, además, en Canadá y Japón.
Pero, quiere volver, al menos por un tiempo, para visitar las tumbas de sus padres. Y para que su esposa visite a los suyos que viven. Y para escuchar música o el canto de los pájaros o sentarse a la sombra de árboles que allá no existen.
“Tengo ganas de ir a Posadas”, dice. Y agrega: “Como me gustaría ver a Isaco”, mientras sus recuerdos se corporizan: Roque Librado González, su compadre, de Corrientes, gran acordeonista que acompañó mucho tiempo a Cocomarola; Héctor Celestino Torres y quien esto escribe, de Posadas. Y sus nombres le salen, del fondo de la memoria, para mezclarse con olores también lejanos. Pero no olvidados.
Reporte
Raúl Armando “Buky” Rosa
Redacción
CARLOS CORREA
05 de septiembre de 1993 – Diario El Territorio