ERNESTO ELISEO EZQUER ZELAYA
publicado a las: 1:43 p.m.
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ERNESTO ELISEO EZQUER ZELAYA
LA CONTROVERTIDA FIGURA DEL “GATO MORO”.
En el nordeste correntino fue “se asegura” la última expresión del “gaucho caudillo”. Y como sucede con quienes lo antecedieron y que merecen la misma calificación, la personalidad de Ernesto Eliseo Zelaya muestra a un hombre de procederes controvertidos: alabado y denostado con idéntica pasión.
Aún hoy, su nombre o su legendario seudónimo “Gato Moro” son pronunciados con unción casi religiosa por aquellos que estuvieron a su lado o que fueron beneficiados por alguna acción suya. Otros, en cambio, solo tienen memoria para destacar su comportamiento de una suerte de “señor feudal”, con seguidores sumisos y prestos a satisfacer su más mínima orden o indicación, por arbitraria que fuese, actitud que traducía más devoción que lealtad, más temor que respeto.
Sin duda, fue un personaje polémico. No pudo ser de otro modo, si reunía las calidades de un típico caudillo rural y por lo tanto, en su ámbito llegó a desempeñar un papel protagónico.
Entonces, todo análisis de su vida debe, necesariamente, tener presente el momento histórico en el que ella se desarrolló y, sobre todo, su entorno humano y geográfico. A este respecto, vale señalar que Ezquer Zelaya nació el 21 de noviembre de 1904 y murió en su estancia “Santa Tecla” el 12 de abril de 1952.
Apropósito de estas reflexiones, el ituzaingueño Miguel Raúl López Breard, escribió que Ezquer Zelaya “no está de ninguna manera, excepto de errores; pero si los hombres, como todas las cosas, tenemos dos lados, y hasta en algunos casos uno oculto como la faz de la Luna, ésa, que seguramente en vuestras románticas ensoñaciones muchos hubieran querido conocerle, solamente, y sin querer, salpicó de paso por imperio del viento norte, que muchas veces confunde el rumbo de sus calurosas oleadas, pensando que ajustó su existencia a la época que le tocó vivir, donde él se sentía personaje protagónico, ésa deberíamos dejarla oculta con sus misterios infinitos, como la del astro luminoso, y hablar solo de aquella que embelesa a cuantos lo han conocido y leído”.
Resulta difícil vencer la tentación de hablar de dos personas que habitaban en este hombre. Uno, la de Ezquer Zelaya el joven miembro de una familia acomodada de la capital correntina, donde cursó sus estudios primarios y secundarios, y que más tarde, debió seguir la carrera de abogacía, para ocupar cargos públicos mas tarde, incluso el de Jefe de Policía de la ciudad entrerriana de Concordia o de agregado cultural a la Embajada Argentina en Asunción.
Otra, la del “Gato Moro”, caudillo, patrón de estancia, que se presentaba de manera espectacular con sus fieles seguidores en Ituzaingó o en Posadas, ya fuere para realizar compras, en procura de diversión o para ayudar a correligionarios en días de elecciones.
Sin embargo, no quedó otro camino que concluir en que se trataban de aspectos de una misma, única personalidad, a partir de un profundo amor por las cosas de su tierra, por sus tradiciones, teniendo como norte-acaso erróneo- el deseo de que esas cosas, esas tradiciones permanecieran inmutables, que resistieran el paso del tiempo. Ese amor fue reflejado en sus relatos, en su comportamiento cotidiano y hasta en el cartel, brutal sin duda como apunta López Breard, que advertía que “no se conchaba gringos” en el portón de su estancia.
Nada mejor que, para expresar la síntesis de esa personalidad, que este relato de Osvaldo Sosa Cordero: “En una fiesta política, por supuesto liberal (“Gato Moro “lo era), consistente en un asado en casa de los Verdaguer, en Ituzaingó invitado por Perico uno de los tíos del dueño de casa, conoció Ezquer Zelaya a Elena Verdaguer, a quien pronto lo unieron lazos sentimentales. No obstante, la fama aventurera del candidato creaba seria oposición en el hogar de la amada. Las cosas llegaron a un punto que Elena debió marchar, por imposición de sus mayores y para poner distancia a Corrientes, bajo severa custodia. Pero, durante el trayecto entre Ituzaingó y Corrientes, sorpresivamente apareció en el vaporcito de la carrera el galán aventurero, quien con carta de triunfo en la mano jugaba a punta de coraje, raptó a la amada y la condujo a Buenos Aires donde, con la ausencia de su señora madre, la desposó el 8 de julio de 1931. Daba así a sus amores el toque de aventura que correspondía a la constante del “Gato Moro”.
Entre sus obras literarias se encuentran “Sucedió”, “Poncho celeste vincha punzó”, “Puñado Yohá”, “Payé”, “Cartas correntinas y otras yerbas” y “Corrientes nú”(Campos de Corrientes). Pero también, en su estancia “Santa Tecla” puso en circulación el singular periódico “Vincha”, en el cual, con lenguaje accesible a los lectores destinatarios de la hoja, exponía sus ideales, normas de hombría de bien, amor a la Patria y a sus símbolos, consejos, refranes en castellano y guaraní, cartas con sabor lugareño, avisos sobre aptitudes personales y otros ingredientes que contribuían a que su lectura fuera amena.
Estancia “la Tecla”, su sola mención aviva la imaginación sobre un pasado en el que las tradiciones más que objeto de culto, eran práctica cotidiana. Balbino Brañas apuntó que “su casa de campo estaba llena de troneras, timbres ocultos, trampas y vigias. Se animaba a hablar de asaltos y cuatrerismo, raptos o hechos espeluznantes. Era sin duda, la imagen de un pasado no demasiado lejano que se reflejaba, tempestuoso, en esta naturaleza fuera de tiempo y marco”.
Tal vez, Brañas, se haya referido a las connotaciones provocadas por la presencia en Posadas del “Gato Moro”, cuando señaló que estaba” fuera de tiempo y marco” con sus relatos y comportamiento en la capital misionera. Pero, en la década del 30 (momento histórico del relato de Brañas), en las áreas rurales de Corrientes, ¿habrá estado Ezquer Zelaya “fuera de tiempo y marco”? ¿o solamente como observó López Breard, era la última expresión del gaucho caudillo?. Más prudente sería concluir que esto último es lo certero, sin que ello implique descartar, la apreciación de Brañas, formulada desde otro punto de vista, con un entorno-el posadeño, “crisol de razas”, conglomerado urbano en rápido crecimiento- totalmente diferente al que brindaban entonces los campos correntinos.
En su provincia, Ezquer Zelaya vivió apasionadamente la división impuesta por el rojo y el celeste. Fue un hombre de su época y de su medio. Sostuvo con absoluta fidelidad el principio de que, para dirigir, había que ser el mejor y se empeñó en el conocimiento de su tierra, de las costumbres de su gente y las faenas del campo. También, era diestro bailarín del chamamé, shotis y valseado.
En la noche del Jueves Santo de 1952, después de poner en orden asuntos personales-como si hubiera intuído su próximo fin- se entretuvo en una partida de truco con uno de sus fieles asistentes. Pasada la medianoche, se retiró a descansar. Un par de horas después, las escasas personas que se encontraban en la casa acudieron alarmados a su dormitorio, porque algo grave le sucedía “al señor”.
Murió poco antes que el sol de aquel Viernes Santo de hace 28 años (que se cumplieron ayer) alumbrara sus campos de Santa Tecla.
Eran momentos en que las cosas empezaban a cambiar, la realidad se modificaba. Por eso, Ezquer Zelaya pertenece al pasado, su figura es del pasado y no tendría cabida en este presente. Corrientes misma se ha transformado. Pero, conviene advertir que no por ello debe ser olvidado. Tiene que se recordado, porque el conocimiento de la historia ayuda al presente y señala el camino del porvenir.
FUENTES CONSULTADAS:
“Personalidad literaria” de Ernesto Eliseo Ezquer Zelaya”, de Miguel R. López Breard; “Ernesto Ezquer Zelaya, Correntino de pluma y aventura”, de Osvaldo Sosa Cordero; “Ayer, Mi tierra en el recuerdo!, de Balbino Brañas y referencias obtenidas por el autor.
FÉLIX REYES (Seudónimo utilizado por CARLOS CORREA)
1981 – 13 de abril.
Diario “El Territorio”
Etiquetas: HISTORIA REGIONAL