RAMÓN ÁNGEL DOMINGUEZ
publicado a las: 5:32 a.m.
publicado a las: 5:32 a.m.
Ramón Ángel Domínguez
PERMANENCIA DE UN TALENTOSO MUSICO POSADEÑO
En 1945, cuando la unidad militar en la que prestaba el servicio de conscripción de maniobras en campaña, le estaba permitido a Ramón Ángel Domínguez, llevar su bandoneón. Y con este instrumento, que había aprendido a tocar desde muy pequeño, solía romper el silencio de las noches de campamento.
Por entonces, pese a sus escasos 20 años, “Angelito”, ya era conocido por sus actuaciones en pistas, salones y en la radiodifusora local, como integrante del legendario conjunto “Corona” (dirigido por Jacinto Corona), así como en los que comandaban Oscar Dioverti o Soler.
En esas agrupaciones, además de desempeñarse como depurado bandeoneonista, Domínguez se encargaba de los arreglos instrumentales. Se apoyaba en los estudios de teoría y solfeo, que siguió –siendo adolescente- con el profesor Guillermo Riechert, en la filial Posadas del Conservatorio Beethoven, cuya central le extendió el diploma correspondiente al concluir el ciclo, y en el curso de armonía que le impartió el profesor Daniel Peris.
POSADEÑO DE VILLA URQUIZA
Ramón Ángel Domínguez, nació el 20 de noviembre de 1924, en el muy posadeño barrio de Villa Urquiza. Aquí transcurrió su niñez y los primeros años de su juventud.
Aquí, también, desde los seis años arrancaba melodías al bandoneón que pertenecía a su padre: Manuel Domínguez y en distintas ocasiones las fiestas que se celebraban en la escuela a la que concurría, lo tuvieron como uno de sus números principales.
Tras concluir sus estudios de teoría y solfeo y de armonía, Angelito se dedicó a la docencia musical.
No obstante, su tarea de aprendizaje o en la enseñanza no le impidió que siguiera aferrado al bandoneón, su instrumento preferido. Con el respaldo de su natural aptitud en este campo, sumado a su bohonomía, fue fácil, que ganara numerosos amigos en esta ciudad.
A BUENOS AIRES
Sin embargo, la capital misionera lo vió partir un día con destino a Buenos Aires. Fue en 1946, tras cumplir con el servicio militar. Desde entonces, se domicilió en la metrópoli casi en forma permanente, regresando a Posadas una vez al año, hasta que hacia 1953 consiguió llevar igualmente a sus padres y hermanos.
¿Qué pasaba con su labor profesional?. Sus conocimientos, prontamente aquilatados, lo ubicaron de inmediato en primera línea en el incipiente campo de la música regional, cuyos intérpretes –todavía pioneros- luego de profesionalizados, se abrían camino no sin esfuerzo en el principal centro irradiador del país. Al tiempo que procuraban su triunfo personal, contribuían también a la consolidación de los ritmos del Nordeste como auténtica expresión de un área cultural de la Argentina.
Convencido de la necesidad de capacitarse en forma permanente, jamás abandonó sus estudios. Pero, y en tanto cumplía con su vocación, daba satisfacción asimismo a su afición cultivando las especies musicales de la zona. En ese marco compuso obras como el antológico “Soy canto inmortal” con letra de Roberto Ferradás Campos), realizó orquestaciones e integró diversos conjuntos. En diferentes momentos, colaboró con Osvaldo Sosa Cordero, Emilio Chamorro, Armando Nelli, Santiago Barrientos y en el conjunto “Irupé”, del citado Ferradás Campos, entre distintos otros músicos correntinos, como, por ejemplo, Isaco Abitbol, uno de sus entrañables amigos.
En respeto a la verdad histórica, importa recordar que a Angelito solían recurrir habitualmente los músicos de la región para que transcribiera los temas que habían compuesto. En manera alguna esto puede ser tomado para subestimar a dichos creadores, dado que es sabido que éstos eran intuitivos en su mayoría, mientras que Domínguez “tenía la cualidad de escribir en forma directa mientras le “pasaban” la melodía”, según recordó en una oportunidad Ricardo Ojeda, otro de sus íntimos amigos, y quien fuera, precisamente, uno de los primeros alumnos de Angelito, cuando éste se dedicó a enseñar teoría musical en Posadas.
Su capacidad fue valorada, del mismo modo, por el destacado músico paraguayo Mauricio Cardozo Ocampo, quien lo tuvo igualmente entre sus colaboradores.
EN RADIO NACIONAL
El perfeccionamiento que había alcanzado, el nivel al que accedió con esfuerzo y dedicación, como muestra de su comentada vocación, le permitió competir con éxito en el concurso realizado, unos 27 años atrás, por la LRA Radio Nacional Buenos Aires (entonces Radio del Estado), para seleccionar al director de su orquesta estable. Sobresaliendo nítidamente en un grupo compuesto por postulantes de renombre en ese medio, Ramón Ángel Domínguez, obtuvo el difícil sitial.
Debía dirigir una orquesta de más de 30 profesores, todos los cuales-como es lógico suponer- lograron su puesto como resultado de sendos concursos.
La integración de la orquesta-según recordó Ojeda- era la siguiente: seis primeros violines, seis segundos violines, cuatro violas, dos oboes, dos flautas traversas, un fagot, dos trompetas, dos trombones, un piano, un contrabajo, dos guitarras y, cuando era necesario, un cantor, a más de “toda la familia de percusión”.
Tenía el compromiso de acompañar a los solistas, de variado género, que se presentaban en Radio Nacional o con el patrocinio de la emisora, aparte de cumplir con una actuación semanal.
“Estuve en dos ensayos-memoró Ojeda en la referida oportunidad- , y pude comprobar el cariño y el respeto que sentían por Angelito los integrantes de la orquesta, a los cuales les entregaba las partituras saludando a uno por uno, con una sonrisa”.
Debe destacarse que a pesar de alternar con valores y creaciones de la música universal, Domínguez permanecía aferrado a su raíz, interesándose por la divulgación y la evolución de las expresiones tradicionales de la región. Este es un ejemplo que tendrían que seguir tantos jóvenes de la actualidad, atrapados en la “maraña” del mecanismo de difusión de composiciones carentes de contenido, solamente porque “está de moda”. Olvidan que de esa manera se favorece la “standarización”, con el consiguiente riesgo de pérdida de la identidad no solo regional, sino también nacional, lo cual, de concretarse, sería extremadamente grave.
SU VIGENCIA
Ojeda tiene presente a Domínguez como un hombre “celoso de su profesión”, siempre preocupado en encontrar nuevos sonidos, lo que lograba ayudado por su preparación. Y cuando concretaba ese nuevo sonido en el instrumento su rostro se iluminaba con una espontánea sonrisa.
El 2 de marzo de 1956-mañana se cumplirán 25 años- se apagó esa sonrisa en trágicas circunstancias.
Se frustró así, el talento de quien es considerado como “el mejor músico que dio Misiones”.
Empero, y a pesar de haberse extinguido físicamente cuando solo contaba con 31 años, no se puede afirmar que ha muerto. Porque los artistas que interpretan –en la mas ajustada acepción del término-la realidad de su medio, que son voceros de los sentimientos, de las vivencias de su pueblo, no mueren nunca.
De esa talla era-es- Ramón Ángel Domínguez.
Por ello es que, en estos días, se ha de renovar el recuerdo de sus amigos de esta ciudad, así como de todos aquellos que saben valorar la acción de hombres que, como Angelito, mantuvieron inconmovible su amor por la auténtica música de esta parte del país, que es lo mismo que decir su amor por el hombre y la tierra.-
CARLOS CORREA
Diario El Territorio- 01/03/81
Etiquetas: HISTORIA REGIONAL