LA IGLESIA DE SANTO TOMÉ DE LAS MISIONES JESUITICAS AL OBISPADO
publicado a las: 7:50 a.m.
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LA IGLESIA DE SANTO TOMÉ
DE LAS MISIONES JESUITICAS AL OBISPADO
En setiembre de 1879, comenzaron a adoptarse los recaudos para posibilitar el funcionamiento del curato de Santo Tomé en su nueva categoría de parroquia, de acuerdo con lo resuelto por el Obispado de Paraná, el que ejercía entonces jurisdicción eclesiástica en toda la región. La medida quedó plenamente efectivizada en agosto del año siguiente y el primer titular de la parroquia fue el padre José Rodríguez, quien se había desempeñado como vicario de La Cruz, hasta su designación en Santo Tomé.
A cien años de aquella resolución, la citada ciudad correntina se apresta a vivir otro acontecimiento de singular importancia para la nutrida grey católica de la zona: la consagración episcopal del obispo que tendrá allí su asiento curial, según lo dispuesto por el Papa Juan Pablo II.
Sin duda que ambos hechos constituyen culminaciones de etapas históricas de un pueblo que, siempre, dio sobradas muestras de su acendrada vocación religiosa. Es que su propio origen es el resultado de la conquista y colonización espiritual emprendida por los sacerdotes jesuitas, que tuvieron en Santo Tomé a uno de los principales pueblos de las antiguas Misiones.
LOS ORÍGENES
Entre 1638 y 1639, la población de Santo Tomé puso término a su asentamiento definitivo en el lugar que ocupa hoy la ciudad, después de una penosa travesía desde las tierras del Tape – en el actual territorio del Brasil – donde fue fundada la primitiva Reducción por los padres misioneros Luis Ernot y Manuel Bertot y que debió ser abandonada a raíz de una epidemia de viruela que diezmó a sus habitantes, a la que se sumaron la proliferación de animales salvajes y las incursiones depredadoras de los “mamelucos”.
Una vez en el aludido emplazamiento definitivo, la Reducción conoció períodos de singular prosperidad, ya que los clérigos, a la par que llevaban a cabo su tarea evangelizadora, dieron impulso a distintas actividades agrícolas, pecuarias y artesanales.
El diseño urbanístico del antiguo pueblo no habrá sido diferente al de sus iguales de las Misiones, con el templo dominando toda la estructura comunitaria, la que, además, giraba en derredor de aquél. La construcción se levantaba en el mismo sitio que ocupa ahora la iglesia de la Inmaculada Concepción y, enfrente, se abría el amplio espacio de la plaza. Es el espacio afectado hoy al principal paseo santotomeño: la plaza San Martín.
La labor de los jesuitas se vio interrumpida en 1768, al sobrevenir su extrañamiento por disposición del rey Carlos III de España, aunque Santo Tomé se mantuvo como parte de la Provincia Hispánica de Misiones, denominación que perduró hasta la emancipación.
Pese a tales contingencias, incluyendo el constante aporte de lo mejor de sus hijos para frenar el expansionismo portugués, como en el caso de la reconquista de la Colonia del Sacramento, o para engrosar las filas del incipiente ejército patriota, no decreció la vocación religiosa de los santotomeños. Y la iglesia continuó siendo el centro de toda su actividad. Fue allí, por ejemplo, donde recibió su educación elemental Andrés Guacurary, quien después sería el legendario comandante general de Misiones.
Quizás por el hecho de ser considerada la cuna de Andresito, precisamente, es que los lusobrasileños hayan demostrado mayor ensañamiento con Santo Tomé, con la destrucción total del pueblo en 1817.
NUEVOS TIEMPOS
Por muchos años, la palabra de Dios no fue pronunciada en ese lugar, donde la selva se enseñoreaba sobre las ruinas de lo que había sido un pueblo próspero. Pero, hacia 1860, fray Cándido Barbieri, párroco de La Cruz, volvió a oficiar misa en lo que había sido el templo jesuítico.
¿Qué estaba sucediendo?. En ese momento, se vivían las instancias previas a la refundación de Santo Tomé, empresa que habían decidido acometer los habitantes de Puerto Hormiguero a raíz de que las periódicas inundaciones provocadas por las crecidas del rio Uruguay tornaban inhabitable este lugar.
Cabe apuntar que la atención espiritual de los vecinos de Hormiguero estaba a cargo del padre Juan Pedro Gay, cura de San Borja (Brasil), quien asimismo, estaba unido por sólidos lazos de amistad con familias de ese pueblo, después refundadoras de Santo Tomé. Es probable, incluso, que el propio Gay haya tenido a su cargo el oficio de un solemne tedeum el 25 de mayo de 1860, con ocasión del aniversario de la Revolución de Mayo, para lo cual debió ocuparse un local particular, dado que en Hormiguero no había templo.
Concretada la refundación de Santo Tomé, en el primer semestre de 1861, con el posterior reconocimiento oficial, extendido por ley provincial del 27 de agosto de 1863, tornó a efectivizarse con cierta regularidad la tarea religiosa en la incipiente población, aunque para cumplir ese cometido el padre Barbieri – primer titular del curato – debía trasladarse desde La Cruz.
Pero, esa acción se vio de nuevo interrumpida con motivo de la Guerra de la Triple Alianza, en cuyo comienzo Santo Tomé fue ocupada por varios miles de soldados paraguayos que permanecieron allí hasta la derrota de Uruguayana. En ese entonces, Barbieri se trasladó a Uruguayana y, más tarde, a Santo Ángel de la Guarda (Santo Ángelo), volviendo a Santo Tomé en 1874, desempeñándose hasta el año siguiente y en forma interina al frente de la iglesia.
Con anterioridad, entre 1870 y 1874, la tarea espiritual estuvo a cargo del padre Tomás María Montesano.
Fue también en 1874, en que el pueblo recibe por primera vez la visita de un obispo: se trató de monseñor José María Gelabert, titular de la diócesis de Paraná. Llegó el 5 de octubre de 1874, significativamente un día antes de la fecha, 105 años más tarde, en que será consagrado el primer obispo de Santo Tomé.
El mes de octubre se presenta otra vez en la historia de la iglesia santotomeña, con ocasión de la instalación del primer cura permanente: el padre Gerónimo López, quien actuó desde ese mes de 1875 hasta 1878. Lo reemplazó el padre José Rodríguez, a cuyo cargo estuvo el cambio de categoría del curato, con su elevación a parroquia.
EL TEMPLO
A esta altura, el pueblo contaba ya con su nuevo templo, concretado durante la actuación del padre Montesano. Con esa finalidad, el 16 de junio de 1870, en una reunión efectuada en la sede del Juzgado de Paz, quedó constituida la comisión pro templo presidida, justamente, por el padre Montesano e integrada, además, por Aurelio López de Bertodano, como secretario; Víctor Navajas, tesorero; Sebastián Aguerreberry y Pablo Argilaga, vocales; Juan León Belásquez y Eugenio Miño, suplentes.
El investigado santotomeño Marco Tulio Centeno relata que “la iglesia en construcción, que tenía 20,78 metros de largo por 6,93 de ancho, estaba en el mes de mayo de 1871 con sus paredes a cuatro metros y medio de altura. Era bien construida, aunque pequeña. Las paredes eran de sesenta centímetros de espesor y fueron hechas con las mismas piedras que habían sido de la antigua reducción jesuítica”.
Sin embargo, el primer presidente del consejo municipal, Juan Savall, fue quien ejerció la dirección de la obra, la cual, por otra parte, se inauguró el 21 de diciembre de 1872, con el madrinazgo de Concepción Fernández Dos Santos de Navajas.
LA IGLESIA ACTUAL
El primer párroco de Santo Tomé – que como quedó dicho fue el padre José Rodríguez – fue reemplazado en 1882 por el padre Antonio López, quién había cumplido su misión hasta ese momento en la actual ciudad de Posadas.
La gestión de este sacerdote fue la más prolongada de las que registra la historia de Santo Tomé, ya que permaneció allí 35 años. Su intensa labor sólo culminó con su fallecimiento, acaecido el 18 de agosto de 1915. Fue sepultado en el interior de la iglesia que ayudó a construir y, hasta el presente, su cuerpo yace frente al altar mayor, bajo lápida de mármol.
Durante su actuación, en las postrimerías del siglo pasado, tomó forma la inquietud de construcción de un nuevo templo, en sustitución del existente. Se nombró, entonces, una comisión promotora con la presidencia honoraria de Concepción Fernández Dos Santos de Navajas e integrada exclusivamente por damas. Josefina Panceyra de Savall, presidenta; Concepción Centeno de Navajas, vicepresidenta; Salomé Navajas de Martínez Sáenz, secretaria; Mercedes Olivera, prosecretaria; Cándida Vidal rodríguez, tesorera; Agustina Sosa, protesorera; Fausta Centeno, María Roldán, Virginia Hiller de Argilaga y Clotilde Alvarez de Olguín, vocales.
Como para no quedar atrás, los representantes del sexo fuerte también conformaron una comisión asesora con la participación de los doctores Juan Martínez Sáenz y Patricio Bertrán, Zenón Vidal Rodríguez y la supervisión del cura párroco.
Un incendio centralizado en el altar mayor de la iglesia, que se registró bajo una fuerte lluvia, el 11 de enero de 1901, llevó a los vecinos a trabajar con maor ímpetu en procura de concretar el proyecto del nuevo templo. Un año más tarde, el 26 de enero de 1902, fue colocada la piedra fundamental y el 27 de diciembre de 1903, el obispo de Paraná, monseñor Rosendo de la Lastra y Gordillo, en solemne ceremonia, bendijo la parte terminada, que se trataba de un ala edificada inmediatamente detrás de la antigua construcción y casi pegada a ésta. Padrino de la ceremonia fue el entonces presidente del consejo municipal, Ernesto Sánchez.
Otra vez, asomo octubre en la efemérides de la iglesia santotomeña con la inauguración del templo que todavía existe. Tuvo lugar ese acto el 23 de octubre de 1913 y la bendición del altar mayor fue llevada a cabo por monseñor Luis María Niella, primer obispo de Corrientes.
La lista de padrinos de esta inauguración incluyó a Concepción Fernández Dos Santos de Navajas y su hijo Arturo, Zenón Vidal Rodríguez y su esposa Ángela Corrales, Cesáreo Centeno y su esposa Isabel Verón, doctor Juan Martínez Sáenz y su esposa Salomé Navajas y Josefina Panceyra de Savall y su hijo Nereo.
Con la colocación del reloj de la torre, que se debió a una iniciativa del padre Nicasio Idoy, quien sucedió al padre López en 1915, quedó completa la obra y se materializó una de las tantas aspiraciones de esta comunidad.
Otra aspiración se verá concretada el sábado próximo, cuando asuma el primer obispo de Santo Tomé, monseñor Carlos Esteban Cremata. Y, entonces, el templo construido merced al esfuerzo de los hijos de esta ciudad, será transformado en catedral. Mantendrá el patronazgo de la Inmaculada Concepción, cuya imagen presidió, desde lo que fuera el altar de la derruida iglesia jesuítica, el oficio religioso que celebró el padre Barbieri, en 1860, poco antes de que quince familias de Hormiguero llevaran a cabo la empresa de la refundación del pueblo.
CARLOS CORREA
FUENTE
El autor manifiesta su reconocimiento a Marco Tulio Centeno por haberle facilitado gran parte de los datos tomados en cuenta en la elaboración de esta nota. Centeno es un estudioso del pasado de su pueblo, autor de varios trabajos y desciende en línea directa de Paulino José Centeno, uno de los comisionados por los entonces vecinos de Hormiguero para explorar el antiguo asentamiento del pueblo jesuítico de Santo Tomé, con vistas a la refundación de la hoy activa ciudad de la costa del río Uruguay.
1979- 30 de Septiembre
Etiquetas: HISTORIA REGIONAL