EN 1875 EL "PACTO DE LA SELVA"
publicado a las: 12:48 p.m.
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En 1875, EL “Pacto de la Selva”
El “descubiertero” y la yerba silvestre del “cacique blanco”
En plena selva, los dos hombres, armados, están frente a frente. El uno, dispuesto a cumplir la misión que había asumido como un desafío. El otro, resuelto a defender su territorio ante lo que considera una “invasión”. Este, Bonifacio Maydana, el bravo “cacique blanco”, y aquél, Fructuoso Moraez Dutra (o Dutra Moraez), famoso “descubiertero” y de valor igualmente legendario.
Es un día de 1875, y va a ser clave para el propósito de quienes aspiran a ampliar el radio de explotación de los yerbales silvestres, que se estiman abundantes en la zona del territorio misionero que reconoce un eje que, partiendo del Piray Guazú, avanza hacia el Este, en procura de la frontera con el Brasil. Ese propósito se ve obstaculizado por la férrea oposición aborigen al ingreso y, menos aún, el asentamiento de extraños en la zona.
A la vista de los respectivos contingentes de hombres que los secundan y que, con sus armas listas, observan todo con extrema atención, Maydana y Moraez Dutra parlamentan. En forma paulatina, el diálogo pierde su dureza inicial y, finalmente, se celebra el acuerdo, también llamado “Pacto de la Selva”.
Mediante ese acuerdo, podrán establecerse los yerbateros en la costa argentina del río Paraná, desde Corpus hasta la confluencia con el río Iguazú.
Ha sido alcanzado el objetivo que, inclusive, fuera tema de debates sucesivos en el Consejo Municipal de Trinchera de San José (actual Posadas).
En forma paralela, un costado de la historia – si bien no extraño para los misioneros – habría de adquirir nuevos ímpetus: el que tenía como patético protagonista al “mensú”. Y como escenarios, la Bajada Vieja, de Posadas, y los yerbales del Alto Paraná.
El progreso prometido
Como buen “descubiertero”, el brasileño Fructuoso Moraez Dutra se distinguída, no sólo por su valor temerario y su experiencia en expediciones de esta índole, sino también por su dominio de prácticamente todos los dialectos indígenas de la zona.
Con ese bagaje y la compañía de seis hombres – que pudo conseguir de los 20 que había solicitado – se internó en la selva, luego de ser desembarcados de un buque fleteado por Juan Goicoechea.
Alejo Peyret – quien después mantuvo largas charlas con el “descubiertero”, reconstruyó para la historia este tramo de la expedición, así como el diálogo entre Moraez Dutra y Bonifacio Maydana.
En líneas generales, el relato es el siguiente:
Tras abrirse paso a machete, a través de la espesa vegetación, los expedicionarios llegan a un poblado aborigen. Lo hallan desierto, como si sus habitantes (que luego se sabría eran 142) lo hubieran abandonado precipitadamente.
Dutra conjetura que se habían ocultado en las inmediaciones, por lo cual embosca a sus hombres con una consigna: irá, solo, a enfrentarlos, y si fracasaba el parlamento, no quedaría otro recurso que pelear hasta vencer o morir.
Se adelanta el “descubiertero” armado con su escopeta de dos caños, su machete de monte y su revólver disimulado entre la faja.
Contaría 44 aborígenes, atisbando entre la maraña con sus arcos y flechas listos para entrar en acción.
Maydana sale al encuentro de Dutra y, a la distancia, se entabla el parlamento:
Dutra - ¿ Por qué huyen de nostros?
Maydana – Porque vienen a hostilizarnos.
D – No, al contrario, venimos con buenas intenciones.
M – Entonces, tire su arma al suelo y no dé un paso adelante.
D - ¿ Ustedes tirarán sus arcos y flechas?
M – Convenido.
El “descubiertero “ deja caer su escopeta, pero el “cacique blanco” no hace lo mismo con su arco. Difícil situación.
“Usted tiene todavía un arma”, le dice Maydana, mientras señala el machete que porta Dutra.
“Esto no es un arma – le responde Dutra -. No es para pelear, es una herramienta para abrir “piques, cortar ramas y andar por el monte”.
Convencidos, los aborígenes arrojan sus arcos y el diálogo discurre con placidez. Dutra les informa de los proyectos de los yerbateros: no se busca pelea, sólo yerba mate, cuya explotación motivaría la apertura de caminos (“picadas mulateras”) y la instalación de depòsitos (“noques”), todo lo cual daría trabajo a los indígenas.
Acepta Maydana y, a continuación del acuerdo, acompaña a los expedicionarios hasta la costa del Paraná, donde los espera el barco de Goicoechea. En esta nave, el “cacique blanco” continuaría viaje a Trinchera de San José y Corrientes.
Con ese acto, la producción de yerba mate – entonces basada en la cosecha practicada en las plantaciones silvestres – experimentaría un salto espectacular. Lo que era necesario, por otra parte, para atender la creciente demanda que, a su vez, había sido el fundamento que movió a los yerbateros a organizar la expedición de Moraez Dutra.
CARLOS CORREA
29 de diciembre de 1991 – Diario El Territorio.
Etiquetas: HISTORIA REGIONAL
