CORTES Y QUEBRADAS - CENSURA Y MÚSICA NACIONAL
publicado a las: 1:30 p.m.
publicado a las: 1:30 p.m.
Cortes y quebradas
Censura y música nacional
León Gieco, autor e intérprete de música nacional. Antes del 2 de abril era conocido por una minoría; después todo cambió y la difusión de sus obras fue masiva.
De pronto, fue derrumbado el muro trabajosa y – a veces – insidiosamente levantado por la censura y los argentinos, desde el 2 de abril último, empezamos a deleitarnos de nuevo con piezas de la música nacional, muchas de las cuales pueden ser calificadas – sin caer en exageraciones – de antológicas. Lo que no impidió que, por años, estuvieran borradas de las programaciones de radios y televisoras.
¿Qué había pasado?
Pues que debimos guerrear por nuestra soberanía. Y como se necesitaba consolidar el sentimiento de unidad nacional, hubo que apelar, en el plano cultural, a las manifestaciones que nos identifican como argentinos.
Pero, ¿esto qué tiene que ver con la censura en la música (y en otros órdenes)?
Es que entre las expresiones musicales que fortalecen nuestra identidad nacional, diferenciándonos del resto de los componentes de la comunidad internacional, haciendo que, además, nos sintamos orgullosos de nuestro pasado, de nuestras tradiciones y el heroísmo de nuestros antecesores, había no pocas – vaya coincidencia – engrosando las “listas negras”.
Ejemplos hubo muchos, pero citaremos sólo uno: el triunfo alusivo al combate de La Vuelta de Obligado, utilizado por más de una emisora como “cortina” de programas referidos al desarrollo de la guerra austral.
Por lo menos así quedó en claro que la soberanía no constituye un concepto unilateral, válido solamente para establecer de quien es el dominio sobre el espacio geográfico. Si bien ese dominio es básico – lo hemos dicho en una nota anterior – sobre él debe asentarse la soberanía que necesitamos ejercitar en todos los campos.
El cultural, entre ellos.
Y que a la hora de la verdad, no sirven los ritmos extranjeros con los cuales nos atosigaron tantos años. Porque representan una cara del colonialismo que combatimos en las Malvinas.
Creemos totalmente innecesario aclarar que no estamos en contra de la difusión de toda la música extranjera. No podemos cometer tamaña torpeza y olvidar las grandes creaciones de la música universal.
Nos oponemos, sí, a aquella que no aporta nada, salvo pretender inducirnos a imitar hábitos, modas, extraños a nuestras costumbres. Aunque si hay quienes deseen escucharla y difundirla, que lo hagan, ya que están en su derecho en un país tolerante. Pero que, para ello, al menos no se empleen los medios del Estado, el cual tiene la obligación de sostener la cultura nacional.
Por otra parte, la censura no estuvo limitada (somos optimistas y hablamos del pasado) a las piezas musicales. Fue más allá e incluyó a no pocos intérpretes. También aquí –otra coincidencia-entre los nombres inscriptos en las “listas negras”, figuraron altos exponentes de la canción argentina.
LAS COSAS EN SU LUGAR
Ahora bien, superada la guerra por las Malvinas-heroico jalón de la historia argentina que envolvió a miles de compatriotas directamente en el frente de batalla, o apoyando desde la retaguardia-los censores parecieran querer retomar la iniciativa, haciendo que las cosas tornen a su lugar. Al lugar que ellos-los censores-suponen deben estar.
Ya durante el conflicto, se destacaron sigilosos movimientos dirigidos a advertir a los programadores de radio y televisión. Los ejecutores de esos movimientos decían más o menos, con un tono meloso que no alcanzaba a esconder la amenaza. “No se olviden que está prohibida la difusión de tal pieza, y si bien, ahora, la dejamos pasar por exigencias de la guerra, cuando las cosas vuelvan a la normalidad tendrán que respetar la prohibición”.
Con todo, somos optimistas. La censura es cosa del pasado (de algunos períodos del pasado en realidad).
Si no, ¿Qué somos los argentinos? ¿un pueblo de infantes?, ¿de infradotados, incapaces de discernir por nuestra propia cuenta, que nos conviene y , por consiguiente, conviene al país?, ¿tiene que haber siempre un grupo de supuestos “iluminados” que, generalmente desde las sombras, determinen que es bueno y que no lo es?.
Cerrar el camino q todo un país para que se exprese musicalmente, nunca ha rendido los frutos que esperaron quienes así procedieron.
Por una parte, es perjudicial en extremo impedirle que tome conocimiento de su acervo. Lo ha probado el reciente conflicto bélico.
Por la otra, más tarde o más temprano, las vallas ceden y el país retoma el camino de la creación auténtica. Y como para esa creación debe abrevar en sus propias fuentes, hurga en su pasado y rescata las obras perdurables.
¿De qué habrá servido , entonces, la prohibición?.
CARLOS CORREA
04/07/1982- DIARIO EL TERRITORIO
Etiquetas: POLÍTICA
